Alberto Pla: «Que sean los haitianos los dueños de su desarrollo»

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La tarde del 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7,3 en la escala de Richter sacudió durante más de un minuto Haití. El epicentro se encontraba apenas a 15 kilómetros de Puerto Príncipe, la capital. Era el temblor más fuerte desde el registrado en 1946. Cinco años después, El corazón de Haití del fotógrafo Alberto Pla muestra cómo los haitianos siguen trabajando para ser los dueños del desarrollo de su país.

Por MÓNICA SOLANAS >

Alberto Pla, durante el montaje de "El Corazón de Haití" en la estación de Francia de Barcelona. | Foto: AITOR FERNÁNDEZ

Alberto Pla, durante el montaje de “El Corazón de Haití” en la estación de Francia de Barcelona. | Foto: AITOR FERNÁNDEZ

Alberto Pla (Valencia, 1985) viajó a Haití y durante nueve semanas convivió y trabajó en cuatro de las comunidades más devastadas de Haití: Onaville, Gariche Prince, La Digue y Cabaret. «Con El corazón de Haití quiero mostrar también que la historia de este país es muy cruda desde su inicio, cuando los africanos fueron obligados a cruzar el Atlántico. Ha sufrido catástrofes naturales, crisis políticas, económicas. Hay que ayudarles a organizarse para que salgan adelante por ellos mismos». Tras el terremoto, 10.000 ONG se instalaron en el terreno. Cinco años después se han reducido a la mitad. «Lo fácil es ir en el momento álgido, pero es ahora cuando hace más falta», señala Pla. Y en octubre, cuando nos encontramos con ocasión de la inauguración en Barcelona, la atención estaba puesta en la epidemia de Ébola. En el peligro para Europa con el traslado de contagiados, no en la pandemia en África.

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]50 km se convierten en tres horas de trayecto, un tráfico infernal y accidentes cada día”[/four_columns]

Uno de los problemas más graves de Haití es que el Gobierno es incapaz de canalizar la ayuda. Las ONG aportan sus fondos y los aplican a los objetivos que se han marcado, pero sin repartir esfuerzos. «Puede haber varias ONG trabajando en el mismo objetivo mientras otros quedan desatendidos. Y el Gobierno no está gestionando la diversificación del trabajo». Además, las organizaciones no se fían de un gobierno «compuesto por cinco o seis familias que controlan todo el cotarro: energía, carreteras, infraestructuras…». El país crece solamente para los ricos, que controlan las fuentes de grandes ingresos: asfalto, placas solares, lotería, etcétera. «Es necesario ir a grandes foros, presionar, cambiar leyes. Yo prefiero el trabajo de base, pero ese nivel también es importante»

Alberto Pla ya había colaborado con otras ONG en Rajeev Nagar —La India—,Mozambique y Eslovaquia; también en España. Quería viajar a Latinoamérica. «Contacté con TECHO porque es la ONG que más voluntarios mueve». TECHO, organización con presencia en Latinoamérica y El Caribe, busca superar la situación de pobreza que viven miles de personas en los asentamientos precarios, a través de la acción conjunta de sus pobladores y jóvenes voluntarios. Le dijeron que sí, aunque no donde él quería. «En aquel momento empezaban a desarrollar diferentes programas en Haití y necesitaban darles visibilidad». Tras más de dos meses, el proyecto ha ido creciendo y Pla volvió con una muestra fotográfica de 24 imágenes y un documental que se estrenará este mes de enero. «Lo vamos a liberar directamente en la Red. Estaba saliendo buen material y vimos que el proyecto podía tener envergadura». Cumplieron los objetivos que se marcaron —«hacían falta voluntarios y fondos»—, llegando a ese otro público aquí en España, estudiantes y personas normales que vieran las fotos.

Imágenes de "El Corazón de Haití", de ALBERTO PLA

Imágenes de “El Corazón de Haití”, de ALBERTO PLA

En el trabajo de Alberto Pla llaman la atención la alegría y el colorido. La exposición —que ha viajado por Valencia, Madrid, Barcelona, París o Londres— se ubica siempre en espacios de libre entrada. «No quiero que estas fotos estén en una galería porque yo no vendo arte. Es divulgación, tiene que estar en lugares accesibles. Y la gente se para, algunos más y otros menos, pero ven Haití», explica Alberto mientras termina de montar con Oscar Rivero la muestra en la Estación de Francia de Barcelona. Alberto y Oscar trabajan juntos en la productora Media LAIT. «Él hace toda la posproducción y me ayuda a montar las exposiciones». El equipo con el que trabaja Pla «es excelente, pero no dejan de ser amigos y conocidos que colaboran voluntariamente». Como Fran Sabater, que les cedió los triplos, un sistema de cartón que permite componer espacios. Han ido sobre la marcha desde el principio. «A lo mejor llega un momento en el que nos conocen más. Ahora tenemos muy pocos recursos, casi ninguno, y nos organizamos como podemos»

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]La presión psicológica de los voluntarios es fuerte, necesitan volver a casa”[/four_columns]

«En la exposición ponemos mapas para situar a la gente que viene a verla». Cada uno de los módulos refleja un aspecto diferente —infancia, escuela, educación—, que se hilvanan para dar sentido global. Uno de los paneles muestra a los voluntarios de TECHO: gente muy joven, de entre 22 y 32 años. Es el homenaje que les rinde Albert Pla. «Me empeñé en hacerlo. Cobran lo justo para vivir, comer y pagarse la cervecita el fin de semana. Y están ahí porque creen en un mundo mejor y trabajan para ello». Las condiciones son muy duras, «no hay transporte, no hay agua potable, deben seguir unos protocolos de seguridad que son sencillos, pero tampoco es agradable no poder salir a determinadas horas de la noche o vivir encerrado». La mitad de los voluntarios de TECHO van desde El Salvador, Argentina, Costa Rica o Guatemala. Ocupan los puestos que necesitan una formación mínima: manejar un Excel, establecer la logística de un desarrollo o un plan de comunicación. La otra mitad son haitianos. «Están formándoles para empoderarles. Y la utopía cada vez lo es menos: ganan seguridad y aprenden a construir ellos mismos su país»

Alberto Pla, durante el montaje de "El Corazón de Haití" en la estación de Francia de Barcelona. | Foto: AITOR FERNÁNDEZ

Alberto Pla, durante el montaje de “El Corazón de Haití” en la estación de Francia de Barcelona. | Foto: AITOR FERNÁNDEZ

Las prioridades en Haití son muy diferentes. «Un niño se da un golpe en la cabeza y la madre sigue a lo suyo: lo importante es que hay que comer». Pero lo dan todo, esa es la lección que se trae Alberto Pla. «La gente más pobre es la que menos tiene que esconder, la que más te abre sus puertas. Te ofrecen lo que necesites, aunque no tengan prácticamente nada». Por eso se ha empeñado en mostrar la cara positiva. Una de las fotografías es la de un niño vendiendo bolsas de agua en el mercado de Petionville, en Puerto Príncipe, «y mírale, está contento»

«Si buscas Haití en google todo son imágenes de miseria, y sin embargo jamás pierden la sonrisa». Haití no es la que muestran los medios de comunicación. No está reconstruida, pero no quedan escombros por limpiar. El problema es que siguen utilizando los materiales igual que antes del terremoto de 2010. «Uno de los arquitectos de TECHO explicaba que la masa necesita un determinado porcentaje de cemento. Pero hacen la mezcla con menos cemento para tener más material». Y eso perjudica la calidad. Por eso el terremoto de Haití tuvo un efecto devastador. «TECHO también está para enseñarles cómo deben hacerlo y por qué debe ser así»

La propuesta expositiva de Alberto Pla a su paso por la estación de Francia. | Foto: ALBERTO PLA

La propuesta expositiva de Alberto Pla a su paso por la estación de Francia. | Foto: ALBERTO PLA

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]«[/dropcap_custom]Quería mostrar la cara positiva, la motivadora, porque la tiene. Es uno de los trabajos más bonitos de mi vida»[/four_columns]

El 76% de la población apenas gana 2,5 dólares al día. «Les llega para comer dos o tres personas y nada más. Y a pesar de la pobreza, viven con una dignidad impresionante». Otra imagen muestra una escena dentro de una de las tiendas de emergencia con las que los haitianos construyen sus viviendas, simples chabolas. «La niña estaba haciendo los deberes, fíjate con qué orden». A pesar de que el asentamiento es sucio procuran ir siempre muy limpios. «Entrevistamos a su padre para el documental, el representante de esta comunidad. Ella cogió una jofaina con un poco de agua, jabón, se lavó como pudo, se peinó y se arregló»

El fútbol y el vudú son dos elementos muy importantes en la vida de los haitianos. Una de la fotografías recoge un momento de la ceremonia de vudú a la que fue invitado Alberto. «Trajeron la práctica desde África. Hoy lo siguen practicando aunque no lo digan. Beben klerec —un licor fuertísimo—, fuman y entran en éxtasis. Tiene su parte psicológica y cultural muy potente. Es como una rave, muy salvaje». Hay más imágenes, también en el interior de una escuela en Cabaret, una de las comunidades de desplazados más grandes de Haití. No hay un solo niño triste. «Los lazos que se establecen son muy fuertes. Me costó mucho volver». No es tanto el sitio como la conexión. «Son muy épicos. Trabajan todos a una: hasta los niños colaboran por hacer un mundo mejor. Contagian su entusiasmo. Y eso tenía que contarlo»

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About Mónica Solanas

"Nací con un lápiz y una libreta en una mano, mientras con la otra arrastraba algún libro. La curiosidad hizo el resto." Mónica Solanas ha trabajado de muchas cosas, pero es ante todo periodista. También enseña (o "ayuda a aprender", como le gusta afirmar) en nuestra escuela de comunicación libre. Si te ha gustado este artículo, no te pierdas su blog.

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