Benjamín Rubio (1925-2007) fue enlace de la Federación de Guerrillas de León-Galicia, por lo que sufrió la tortura y la cárcel, y fundador de Comisiones Obreras desde la clandestinidad de la mina. Recuperamos la entrevista que AITOR FERNÁNDEZ le realizó en Villablino en marzo de 2001.

Benjamín Rubio y su hijo Javier frente al ‘Monumento al minero’ que Brosio Ortega realizó para Villablino. | Foto: AITOR FERNÁNDEZ (2001)
Benjamín, ¿recuerda la guerra?
Recuerdo perfectamente cuando estalló la guerra, tenía 11 años, recuerdo que veía bajar muchísima gente para Asturias y que luego se quedaron muchos para el monte. Mis padres eran campesinos.
¿Cuándo empezó a trabajar en la mina?
En El Bierzo ya había trabajado en la mina, pero en el 49 vine para aquí para Laciana.
¿Y cómo era la situación de los mineros?
Era un crimen: salarios míseros, trato inhumano, muchos accidentes, había sanciones por todo, todas las responsabilidades eran del trabajador, aunque se matara, a los chavales le pagaban una miseria también…
¿Duró mucho tiempo esa situación?
Hasta 1955 o un poco más adelante, quizá hasta que surgió las primeras huelgas a partir de 1962. Eran huelgas de muchos días, hasta de 40.
¿Y sirvieron esas huelgas?
Reclamamos mejores condiciones de trabajo y de seguridad y empezamos a mejorar. En el 69 provoqué otro paro contra el Ministerio de Trabajo, por culpa de los jubilados de silicolis, que ganaban una miseria. ¡Me podrían haber echado 30 años de cárcel! Todo empezó a mejorar radicalmente, pero todavía reclamábamos que se volviera a recuperar la figura del enlace sindical, una persona que estuviera preparada para el puesto. Así empezó a funcionar Comisiones Obreras hasta su legalización.
Pero luego llegaron las crisis mineras.
Las crisis mineras duran hasta hoy, en que todavía se permiten las subcontratas, lo que es una vergüenza para el trabajador y una explotación también. Los empresarios han recuperado cosas que no había ni en la época de Franco: han destruido la Ley del contrato de trabajo, que ni Franco se atrevió a destrozarla del todo. Por ejemplo antes tenías un par de días para faltar al trabajo, sin avisar, y no te pasaba nada, pero hoy te pueden despedir sin ninguna explicación. Además, hoy ya no importa que personas de un rango superior, aunque sean chavales sin experiencia, te puedan mandar si tú tienes un rango inferior.
¿Cuándo se jubiló?
En el 77, después de la legalización de los Partidos. Después de jubilarme llegué a tener el primer grado de silicosis, pero yo en eso tuve mucha suerte, porque me ascendieron de categoría, estuve 20 años picando y 8 posteando.
Pero siguió luchando con los mineros…
Claro, hasta hoy. Porque hoy lo grave es que están cerrando explotaciones que podrían ser rentables. Que todo esto ya se planteó cuando la marcha minera, hicimos un escrito y recogida de firmas a Felipe González. Y además se lo dijimos, que a nosotros nos mataban de hambre y a nuestros hijos les quitaban el trabajo. Una empresa como ésta, la MSP [Minero Siderúrgica de Ponferrada], la de mayor reservas de Europa, con carbón a 480 metros, podría competir con cualquiera europea, con una verdadera preparación. Lo que pasa es que van a cielo abierto, y favorecen así que dentro de pocos años la minería desaparezca, y ni la protegió el otro gobierno ni la protege éste tampoco.
¿Todo Villablino vive de la mina?
Claro, aquí no hay nada más, prácticamente. Hay cuatro ganaderos, pero si se cierra la mina, desaparecen estos pueblos.
¿Cómo se organizaban las Comisiones Obreras en la clandestinidad?
Era muy difícil. Mira, nosotros la primera reunión que tuvimos, la primera huelga de 1962 fue legal, autorizada por la Guardia Civil. La empresa hizo un escrito diciendo que no nos reuníamos por tener motivo, sino que la huelga era política. A los 15 días nos reunió la directiva de la empresa y nos dijo que no se sabía porqué estábamos parados. Yo le dije que lo sabían de sobra, que por los tratos que nos daban, por los salarios y las míseras jubilaciones. El director me contestó que nadie le había dicho nada en ningún sector, yo le contesté que era por miedo. Al salir, me dijo el capataz: “esta actitud es tonta, o trabajar o pedir.” Yo le dije que tenía razón: “¡Vamos a pedir! Vamos al cuartel de la Guardia Civil y a explicarle el conflicto laboral.”
¿Y qué pasó?
Que nos legalizaron la huelga y nos reunimos 150 personas en plena libertad y hablamos de todo, de la denuncia, pidiendo un salario mínimo de 145 pesetas y no de 60.
¿Y lo consiguieron?
No, aunque nos concedieron 65 pesetas trimestrales de beneficio para los trabajadores. Pero aquello fue un triunfo porque no hubo despedidos, ni presos. Otra cosa que pedíamos era la destitución automática de los representantes de la empresa [delegados del Sindicato Vertical]. Tampoco lo conseguimos, pero sí que la comisión que nosotros nombráramos fuera igual a los representantes de la empresa. Así surgieron las CCOO para siempre.
Otro logro.
Conseguir el enlace sindical era muy importante. Primero porque el enlace tenía cubiertas las espaldas y no le podían acusar de nada y segundo porque así teníamos un representante que iba a luchar por el trabajador de verdad, no como los representantes del Vertical.
Y siguieron luchando…
Cuando no estábamos de acuerdo en un convenio colectivo, parábamos la empresa dos días alternos en una semana, porque avisábamos a todos los sectores de la MSP, en todos los lugares. Si la empresa no cedía en el primer día, parábamos otro. Nosotros nos reuníamos en casa de uno, en el monte, así, clandestinamente, tuvimos suerte de no tener muchos chivatazos.
Y en 1963, otra huelga de la minería.
Aquello ya empezó a mejorar y luego con el siguiente paro, pedimos el aumento de las pensiones. Entonces se jubilaba un silicótico por 6.000 pesetas y eso no daba para comer. Yo, que me retiré a los 51 por haber picado 20 años, me concedieron la pensión igual que los que se retiran hoy por silicosis. Y a todo el que se retirara por silicosis y alcanzara la edad de jubilación, le quedaba igual la pensión. Ése fue el mayor avance que conseguimos.
¿Y las Comisiones estaban en contacto con el resto del Estado?
No, sólo con Asturias y con El Bierzo. Yo procedía de la CNT, pero cuando vine para Laciana no tuve ningún contacto con ninguna organización política. No quise ingresar en ningún partido porque quería tener las manos libres, en la lucha por el trabajador de la mina a mí no me iba a enseñar nada ningún político. Aquí colaboré con el Partido Comunista.

Las mujeres tuvieron un papel clave en la lucha minera durante la dictadura franquista. En la foto, las cuatro generaciones de la familia de Benjamín Rubio (Laura, Albina, Alicia y Olga). | Foto: AITOR FERNÁNDEZ (2001)
¿Qué papel han tenido las mujeres de Laciana en la lucha minera?
Las mujeres jugaron un papel asombroso. Salían y se pegaban con la Guardia Civil. Cuando salíamos nosotros, nos llevaban a la cárcel y nos machacaban. Las mujeres fueron muy valientes en toda esta revolución.
¿Cómo ve hoy la lucha laboral?
Cuando hay una huelga, muchos esquiroles se agarran al derecho de trabajar. Hombre, claro, es mejor evitarla, pero si no se puede conseguir nada así, hay que emplear los medios que haga falta, es mejor que luego enfrentarse con la policía. Aquí en Laciana había mucha basura. Cuando la primera vino un capitán de la Guardia Civil, que no estaba aquí destacado, a ver el ambiente de la huelga. Dijo: “Ya está esto claro. Aquí hay un 20% de comunistas, un 30% de oportunistas, que van a ver lo que hace el otro 20%, y un 50% de imbéciles.” ¡Y no se equivocó en nada! Bueno, excepto en el primer 20%, que no eran todos comunistas, sólo eran personas que daban la cara.
¿El problema son los esquiroles, entonces?
Lo malo no está incluso en esos que lo critican tado, está en el que mete la cabeza debajo del ala, en el que no se pronuncia para nada. El caso entonces era estar bien organizado, tener personas con iniciativa en todas partes. Siempre hay personas que empiezan a hacer la zancadilla cuando un grupo de trabajadores empieza a hacer fuerza, pero la fuerza tiene que salir del trabajador y éste tiene que luchar por lo que cree que es su derecho.
Usted se considera un hombre que no sigue ninguna doctrina, su única doctrina es la lucha por el trabajador.
Mira, yo una vez le dije a mi padre que qué pensaba de la religión, y me dijo: “Mira, hijo, ¿tú ves las letras que ponen encima de la cruz?, pues eso no sabe nadie qué pone, y de ahí sacaron toda la leyenda.” Yo toda mi vida he pensado que nosotros tenemos un enemigo común. Antes el Fascismo y ahora el Capitalismo. Pero de momento no somos perfectos para llegar a las situaciones que planteaba Marx, y mucho menos el anarquismo. Luego hay personajes como Carrillo que han sido nefastos para el Partido y para la clase obrera.
¿Cuál es la experiencia de lucha de la que guarda mejor recuerdo?
Fue una vez que me eligieron como representante para ir a Escocia, a una reunión en la que íbamos a desenmascarar lo que hacía el Sindicato Vertical y hablar denunciar el Proceso 1001. Nos reunieron a todos los sindicatos, en total éramos 6. Yo expliqué lo que estaba pasando en España, pedí que no apoyaran al Sindicato Vertical porque era el sindicato de la represión y luego les expliqué lo que eran las Comisiones, que por entonces tenían una mala propaganda, que era un sindicato sin siglas, donde podíamos estar todos, cenetistas, comunistas, todos. Miembros del sindicato de Técnicos y del Católico empezaron a preguntarme duramente y yo respondía con sinceridad…
Se lo pusieron difícil.
¡Sí! Cuando acabaron de preguntarme, se levantaron, nos rodearon, se cogieron de la mano, y empezaron a decir, “¡Viva el sindicato libre!, ¡Viva la Libertad!, ‘No apoyaremos al Sindicato Vertical!”. Yo en aquel momento no sabía si lo soñaba o era de verdad, no sabía si me sentía un gusano o un gigante. En mi vida volví a sentir una emoción tan grande.
¿No pasó miedo nunca, Benjamín?
¡Hostia, si pasé miedo! Yo no era ningún héroe. De joven no lo piensas mucho, pero ya de viejo, las cosas hay que hacerlas con convicción, y pensar siempre por qué haces las cosas. Aunque te peguen, tienes que estar convencido de por qué luchas. En el año 69 me pegaron, me hicieron caldo el estómago y el hígado, pero yo de lo que tenía miedo era de perder el conocimento y que se me pudiera escapar algo, de que pudiera implicar a alguien. Me costó mucho trabajo aguantar, pero, mira, al salir del cuartel, yo no sé si fue el aire fresco o qué, pero subí a mi casa sin tambalearme. Cogí la hepatitis y a los dos meses cogí el alta. El médico me dijo: “Mira, ni un perro cura más rápido que tú.” Yo llegaba a creerme las mentiras que decía, convencido de que esa mentira servía para defender una verdad, por eso mentía con seguridad.
Pero siempre se sobrepuso al miedo.
Todos tenemos miedo, lo importante es saber sobreponerse a él. Si los ves, no tienes que ponerte nervioso. Uno no se sabe de dónde saca la fuerza, porque cuanto más te pegan más enrabiado los miras, como si fueran perros. Yo cada día me decía que tenía que resistir, concienciándome, yo me iba al monte antes que traicionar a alguien, fíjate tú, ¡vivir toda la vida con esa humillación!
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No llegamos a tiempo para incluir a Benjamín Rubio en nuestro proyecto Vencidxs, pero sí a algunos de sus compañeros como Fidel Martínez, Ambrosio Ortega o Manuel Gil. Os dejamos aquí una buena entrevista que Bierzo TV realizó a Benjamín Rubio , a raíz de la presentación de su libro “Memorias de la lucha antifranquista.”
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“El que olvida su pasado no es digno del presente.”
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“Aquí no hubo guerra civil, hubo una guerra de clases”
Me llamo Francisca Nieto Blanco, pero los guerrilleros me apodaron “Paquina” y durante mucho tiempo me llamaron así. Yo pertenecía a una familia de derechas, pero me enamoré de Vicente Campillo, un líder sindical durante la República en Ponferrada. Entonces mi mundo cambió completamente. Me casé con él y tuvimos un hijo al que llamamos “Alberto Progreso” Cuando estalló la guerra, mi marido marchó al frente de Asturias. Murió en la zona del Escamplero. Entonces yo empecé a colaborar con los huidos que regresaban del frente asturiano. Me detuvieron y encarcelaron en cuatro ocasiones. Aproveché la libertad de 1948 para emigrar a Latinoamérica. Regresé definitivamente treinta años después.
Recuperación de la entrevista a Francisca Nieto, Paquina (1913-2007), realizada por AITOR FERNÁNDEZ en marzo de 2002.
Paquina, luce usted muy guapa
La vejez hay que mirarla con respeto, no con guapura. La guapura ya pasó. La guapura está dentro. Ahora pasaron los años y quedaron los hechos. Vosotros proceded bien para llegar a esta edad y estar tranquila como estoy yo. Cada paso que deis, acordaros de esto: el que no trabaja no tiene derecho a vivir.
¿Cómo se implicó en la lucha antifranquista?
No por algo político, sino como algo leal, espiritual, porque mi marido, muy jovencito cuando murió, tenía 26 años, era un idealista, y claro, como yo estaba educada de otra forma, pero yo me enamoré, y vi los hechos, y claro, sufrí las consecuencias, y naturalmente, trataba en el fondo de aliviar el dolor de los que estaban, después de la guerra, en los montes. De decirles que no estaban solos, que nosotros estábamos con ellos.
¿Cuál fue su primer contacto con los guerrilleros?
La primera vez que me encontré con ellos fue aquí, en Flores del Sil. Había tres hombres, y vine simulando que yo traía un queso, pero simulando, porque yo se lo daba.

Paquina fue miss Ponferrada antes de conocer a Vicente Campillo
¿Qué peligros corrían ustedes ser enlaces?
Yo no tenía tanto peligro por ser enlace como por ser la mujer de Campillo. Me metieron en la cárcel, y allí sufrí muchísimo, los cuatro primeros meses. Era una cárcel pequeña, ahora es el Museo de Ponferrada. En la parte de abajo estaban los hombres, arriba las mujeres, en una habitación pequeña, estábamos no sé cuántas, quizá 30 … A una chica la mataron, y a otros, y a muchos… Es bueno que todos los crímenes que hubo queden en la Historia, como van a quedar los de la ETA, que son otros criminales. Los franquistas criminales, son todavía más criminales, porque hicieron crímenes horrorosos. Hay que tratar que no haya más guerras, tratar de estudiar y prepararos bien.
Aún así usted ayudó a muchos guerrilleros, entre ellos a Girón
Yo recuerdo a Alida, su amiga, su compañera, no su mujer, yo creo que no era su mujer, eso son las malas lenguas. Yo creo. Como mataron a su marido, ella era después la que ayudaba a Girón, y después se escapó porque la iban a matar. La madre de Girón venía a mi casa, eran muy pobres, compraban un cuarto de quilo de queso, no podían comprar un quilo. Era muy peligroso colaborar con ellos, si me hubieran cogido haciéndolo me hubieran matado.
Paquina, ¿cómo la detuvieron?
En ese momento se estaba formando una organización de unión nacional. Yo no era política, pero era anticrimen, antiguerra, y escribí una carta diciendo: “Estoy dispuesta a dar la vida si es necesario, pues la vida no tiene importancia vivirla como yo la vivo”. Yo sabía que tenía peligro, pero estaba sufriendo mucho porque yo amaba a mi marido, hoy lo sigo amando y todos los días me acuesto acordándome de él. A mi marido le interesaba que hubiera una ley para el trabajador, sus 8 horas de trabajo, y que no le faltara el pan para darle a sus hijos. Ése era su ideal.
Y la cogieron por escribir esa carta…
Mi idea al escribirla era que no se sintieran solos, desamparados, que estábamos las mujeres espiritualmente ayudándoles. La firmé escribiendo “L.M.D.C.”, que significaba “La Mártir De la Causa”. Pero se daba la casualidad de que también quería decir “La Mujer De Campillo”. Así que una vez que ya supieron que la carta la había mandado yo, compararon la letra, yo la negaba. Un señor que era maestro, dijo “hay un rastro…”, porque me quería mucho, pero…
Entonces la presionarían mucho para que delatara a los guerrilleros y a los enlaces
Pasé un calvario. Me encarcelaron, pero me llamaban a declarar cada poco tiempo. Tuve que salir más de 200 veces a declarar ante los cuatro jueces militares. Me interrogaban, me asediaban con preguntas, pero yo me propuse no decir nada. Sufrí todas las vejaciones en lo moral, lo confieso, en lo demás siempre me respetaron.
¿Cuánto tiempo estuvo en la cárcel?
Yo estuve en la cárcel 4 veces. Una vez me encarcelaron porque era el 14 de abril, el día de la República, ¡pero yo no sabía nada! Estuve muchos años esperando la muerte, así que ¿cómo no voy a ser mártir?, dejando a mi hijo en mi casa, yo les decía: “¿Qué hacen ya que no me matan?” Estaba harta de sufrir.

Con su compañera en la guerrilla y en la residencia, Teresa Álvarez. La paloma de la paz que Paquina colocó encima del televisor fue un regalo de su nieto | Foto: Aitor Fernández
¿Qué pasaba con su hijo mientras usted estaba en la cárcel?
Recuerdo una noche… Mi hijo tendría siete u ocho años y yo seguía en en la cárcel. Estábamos noventa mujeres en una habitación pequeñísima. Decía la celadora: “¡Si no pueden dormir acostadas, duerman derechas!” Por la noche, mientras los guardas de la cárcel estaban vigilando, mi hijo se acercaba por fuera con el hijo de otra presa, se paraba delante de la ventana, y cantaba… A ver si me acuerdo… “Madre, la del cabello de plata / que en tu regazo sublime / cuando me hiciste soñar / Madre, por la que tanto he sufrido, / no quisiera verte lejos / ni ver tus ojos llorar / Amor como el tuyo / no encuentro en la vida, / ay, madre del alma, / de amor sin igual, / el viento te lleva / jirones del alma, / ay, madre del alma, /cuánta es tu bondad …”
Pone usted los pelos de punta
Cuando uno es joven, los consejos de las viejas nos molestan. Pero los consejos de mi padre me han servido.
Las personas que sufrimos tanto y no tenemos techo donde acogernos ni hijos que nos cuiden [su hijo murió], ahora no nos falta nada. Esta residencia la hicieron con esa idea, cuando lo fui a solicitar exigían tener una jubilación pequeña, no tener hijos ni techo, porque el que tiene una jubilación grande, puede pagar una particular. Ahora, como ha entrado el gobierno que está [gobernaba el PP], que no lo critico, pero si yo he trabajado tanto, he hecho de sirvienta, de patrona, he labrado la tierra, he sembrado árboles…
Tuvo que trabajar mucho para salir adelante
Hay que trabajar, ser útiles en algo, tener un hijo, sembrar un árbol, tener tranquilidad de haber procedido bien, dejando buenas herencias y las riñas y las disputas a un lado. Paz… paz… paz, la que tengo yo ahora. Paz… Aunque sufro por los que están sufriendo, por los que están luchando. Y lloro, pero ya no puedo hacer nada. Pero vosotros, cuando veáis esas peleas, haced buenos hechos y las armas que las agarren los criminales, no vosotros. Sabe Dios la época que venga ahora.
Estaba usted tan perseguida que en 1948 decidió emigrar
Nos llamaban a la puerta durante las manifestaciones, decían: “¡El que no salga, rojo es!” Lo pasamos muy mal. Entonces vino aquí un teniente coronel que conocía mi prima. Un día me lo presentó. Le dijo: “Ésta es mi prima Paquina”,”¿Cómo?”, dijo él, “¡La célebre Paquina, la que tanto sueño nos ha quitado!”. Mi prima le dijo: “Queremos pedirle un favor, que le dé pase libre para poder ir a Buenos Aires”. Contestó: “¡Claro que sí, con los brazos abiertos! Eso se lo agradezco yo, porque el dinero que nos está costando usted…”
¿Recuerda la travesía?
En el barco, mi hijo cantaba la canción del emigrante, la de Juanito Valderrama. Él ya tenía 14 años. Decía: “¡Francisca Nieto y su hijo Alberto Campillo se despiden de todo El Bierzo!” Cuando yo volví, las compañeras me vinieron a visitar, me decían que cada vez que oían tocar esa canción se acordaban de mí. Así que eso quedó también en la historia. En América el pobre chico se tuvo que poner a trabajar, pero allí nos acogieron muy bien, nos dieron trabajo. Y ahora son ellos los que nos necesitan.
Siento que conociéndola a usted por fin he conocido la verdadera historia
Hoy oís nada más que lo que ellos quieren decir. Dicen que hay que olvidar el pasado, pero yo digo que el que olvida el pasado no es digno del presente, porque no le sirve. El pasado sirve de lección en el presente, sobre todo para que no haya tanta avaricia, tanto crimen, tanta riqueza y tanta pobreza.
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Paquina fue una de las míticas enlaces de la guerrilla en El Bierzo. No llegamos a tiempo para incluirla en nuestro proyecto Vencidxs, pero sí a algunos de sus compañeros como Ángela Losada, José Valle, Manuel Álvarez y tantos otros en el resto del Estado.
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ENTREVISTA A ABEL PAZ:
“Aquí no hubo guerra civil, hubo una guerra de clases”
Cuando cumplí 15 años estalló la guerra y me fui a Pedralbes para ir al frente, pero me echaron para atrás porque era muy joven para combatir. Barcelona estaba toda colectivizada, y entonces me puse a trabajar en un taller mecánico. En 1938 combatí en el frente de Cataluña. Huí a Francia en 1939 y pasé por diversos campos de concentración hasta 1941, cuando salí a trabajar en el muro Atlántico para los nazis. Pude evadirme y contacté con la red clandestina del grupo Ponzán. Fui detenido nuevamente en el 42. Cuando me liberaron, me interné clandestinamente en España para seguir luchando. Fui detenido en varias ocasiones, y pasé largas temporadas en las cárceles franquistas.

Abel Paz en 2007 | Fotografías: Aitor Fernández
Esto es la recuperación de la entrevista realizada por AITOR FERNÁNDEZ al anarquista ABEL PAZ (1921-2009) el 6 de febrero de 2007 en Barcelona.
¿Abel, por qué se cambio el nombre?
Me cambié el nombre en la clandestinidad, Abel Paz es la Paz al cuadrado. Yo no quiero guerras.
¿Sus ideas anarquistas vienen, de alguna manera, de su educación racionalista?
Mis padres ya tenían ideales de izquierdas, eran jornaleros en Almería y ya se venía mascando la injusticia en la clase obrera. Como decía Durruti, “yo soy anarquista por intuición”. Vine con mis padres a Barcelona y estudié en escuelas racionalistas. ¿Sabes quién es el de ese cuadro? Es Ferrer i Guàrdia, el que diseñó la escuela nueva del anarquismo, en época de la República, bueno, y antes de la República también. Los sindicatos se transformaban en escuelas para los chiquillos y los adultos, eso son las escuelas racionales, de la razón, separadas de la religión.
¿Qué queda de válido de la revolución anarquista a día de hoy?
Del anarquismo todo es válido a día de hoy, porque el anarquismo no es una teoría, es un proyecto de sociedad. Y las sociedades cambian de acuerdo al progreso y el anarquismo se reinterpreta, con lo cual es perfectamente válido. Hoy hay muchas cosas que se hacen y que se toman del anarquismo, aunque todavía faltaría muchísimo que tomar de él, porque como te digo, el anarquismo es una forma de vivir, no una teoría estática.
¿Todavía hay muchos tabús que superar en España?
Todavía hay que separar muchas cosas, como la religión, que creo que todavía está muy metida en España. España es un caso especial en Europa, porque los cuarenta años de Franquismo hicieron retroceder a España dos siglos, se ha venido metiendo el veneno a las gentes, pero poco a poco se va superando todo eso.
¿Porqué siempre habla de la “dulcificación de la guerra civil”?
Aquí no hubo una guerra civil, hubo una guerra de clases. ¿A ti que te han enseñado de la Guerra Civil? Se enseña que hubo tiros, que hubo hambre, muertos… No se enseña que realmente que lo que hubo fue una guerra de clases.
A mí no me enseñaron nada de guerra civil, mucho menos de guerra de clases.
Todavía lo podéis saber…
¿Qué influencia tuvo el comunismo en la pérdida de la guerra y de la revolución anarquista?
Ten presente que, la política de Stalin, jugó un papel muy importante dentro de la guerra española, y los comunistas españoles se regían por la política de Stalin, y entonces ellos intentaban llegar a la práctica las consignas que venían de la URSS y la URSS no estaba para hostias. A la URSS no le interesaba la revolución y nosotros estábamos contra todo el mundo… El partido comunista fue un partido de contrarrevolución, todos los perjudicados por la revolución se hicieron participados por los comunistas. Los comunistas se presentaban como “el partido del hombre” y, claro, pues eso tenía que tocar, tenía que chocarse.
¿Por qué los anarquistas se quedaron solos? ¿Por qué no existió una unión de las fuerzas de izquierda?
No fuimos sólo los anarquistas, todo el mundo nos quedamos solos. ¿No ves que aquí, se hizo la Reforma Agraria, que no se había hecho y se socializó la industria? Todo eso pues, forma parte del mundo capitalista, y por eso automáticamente este mundo se puso en contra de esta Revolución, para evitar que se contagiara al resto de países. Es muy difícil de explicar todo esto, pero la realidad es que los socialistas luchaban con los comunistas, los republicanos y los anarquistas luchábamos contra todos, bueno, no contra todos, sino que estábamos ahí en la batalla, luchando con ellos pero sin ellos… No recibíamos ayudas de nadie, pero es normal, nosotros hicimos que la economía se colectivizara y eso no les interesaba a todos. Aquí nosotros éramos los apestados.
¿Cómo se veía a la mujer y al amor en la revolución anarquista?
La mujer forma parte de la sociedad, es un ser humano y por lo tanto tiene los mismos derechos que un hombre, y no es un instrumento del hombre. Tú te unes con una mujer, pero no para explotarla, por el placer de convivir con el sexo opuesto, una aventura amorosa, y compartiendo las tareas, y más si hay hijos.
¿Por qué cree que existe todavía el maltrato a la mujer?
El maltrato a la mujer viene de la influencia religiosa. En el Congreso de Letrán en 1520 ya se adopta esta base. A la mujer siempre se le había tratado como un ser secundario, pero en este congreso se fue más allá. Se entregó la mujer al hombre como un objeto que permitía la reproducción, como una criada del hombre, y por otro lado se mantenía el género de las putas. La puta era un objeto de placer y la mujer un objeto de reproducción.
En el siglo XIX había tres lacras en España: los naipes, el alcohol y lo deportivo. Los hombres se emborrachaban y pegaban a sus mujeres, pero eso estaba consentido por el país y por la religión. Pero después comienzan las organizaciones obreras, y las mujeres comienzan a ingresar en ellas. Si una mujer sufría maltrato, acudía a ellas y lo explicaba, y la organización le cantaba las cuarenta al marido. Si repetía, lo expulsaban de la organización y le negaban hasta el saludo. La respaldaban en base a los ideales.
Usted que ha estudiado tanto los pasos de Durruti, ¿cree que existe alguien hoy como él?
El anarquismo está en la gente, va unido a la libertad. Los artistas son revolucionarios, porque el Arte es revolución y por lo tanto es anarquismo. Hay un anarquismo visceral, viviente, en España, y algunos artistas lo reflejan en su modo de escribir, por ejemplo, o de darle solución a los problemas. Porque como te he dicho el anarquismo es una forma de vida, y eso no se puede destruir. Hay muchos artistas que me gustan en ese sentido, lo que pasa es que a muchos no se les suele dar oportunidades o promoción. En Cataluña Tàpies por ejemplo, es el ejemplo que se da de arte, antes fue Dalí y ahora es Barceló… pero son ejemplos del arte burgués, se pone uno como el ejemplo, pero hay muchos artistas.
¿Por qué siempre pone a Durruti como el ejemplo más puro del anarquismo?
Porque era una persona con ideas propias, un compañero más que predicaba con el ejemplo. Ahí radica su grandeza.
¿Qué opina sobre la forma en que murió Durruti?
O fue un accidente o fue un atentado, pero no fue un ajuste de cuentas. Se ha especulado mucho con la muerte de Durruti, hasta que habían sido los propios compañeros… Yo tengo convencimiento que fueron los comunistas, no los españoles, sino los rusos. Durruti dio una carta a los obreros rusos para que apoyaran la revolución española. Decía que ahora Oriente era quien debía de ayudar a occidente a hacer la revolución. Pero en esa carta no se lee el nombre de Stalin por ningún lado. Eso no debió de gustar. Entonces se vería que la revolución que se estaba haciendo en España era diferente.
Cuando regresa a España en clandestinidad, ¿con qué mentalidad se encuentra?
Había mucho miedo, pero los ideales de la gente claro que no estaban destruidos, estaban “mudados”. La gente simulaba, tenía como una doble vida y actuaba de una forma en sociedad por el miedo. En clandestinidad había cuarenta mil afiliados, pero la lucha es de otra forma, porque las gentes se adaptaban a lo que había, por sobrevivir.
Muere Franco, acaba la dictadura, pero España no vuelve a ser la de antes…
No, claro, ¿cómo vas a pegar vuelta atrás con 40 años de dictadura? La camisa de la gente había cambiado.
¿Qué es para usted el progreso?
El progreso es darle solución a los problemas, no de un modo capitalista, sino social. La enseñanza, la sanidad, los problemas de la mujer… En fin, todos estos problemas de la vida cotidiana, aprovechándolos con los progresos que existen, adaptándolos a la vida moderna. La tecnología forma parte del progreso, pero no es igual al progreso. El progreso es la mejora del hombre y de la mujer, la mejora de la calidad de vida.
¿Cree que vivimos en democracia y libertad?
No. Todo el mundo se llama demócrata pero no lo son. La democracia es intervenir en los problemas y darles solución colectivamente, sin necesidad de jefes.
Entramos en una época de retroceso económico: las hipotecas suben, los precios también, en cambio los sueldos siguen igual y el trabajo es más precario. ¿A dónde cree que vamos a parar?
Yo pienso que el choque es inevitable, la gente se cansará de vivir como vive. No creo que pueda haber una guerra civil, pero sí una guerra de clases. Yo tengo confianza en España, a pesar de todo.
¿Usted cree que la sociedad sabe lo que le le están haciendo?
No creo mucho en la inteligencia de la sociedad de hoy. Hoy la religión es la televisión, y de ahí no pasamos.
¿Cree que es necesario recuperar la memoria histórica?
Cada uno puede recuperar su memoria, pero no la histórica. Los hechos que escalonan la memoria, sí, que hubo una República, unas modificaciones en la sociedad, la memoria de los hechos. Pero la memoria de cada uno es relativa.
¿Y el futuro?
El futuro está en los jóvenes porque los jóvenes tienen madera de revolucionarios. Los okupas son un movimiento interesante y ahora están cargando mucho contra ellos porque claro, el problema de la vivienda es un verdadero problema, y los okupas encuentran su forma protestar, y buscan soluciones.Luego está el PP, toda la propaganda que hace, que aunque sea ridícula, pero tienen diez millones de votantes. Claro, el PP gana en las zonas más atrasadas. Pero tanto va el cántaro a la fuente que termina rompiéndose. El PP sigue haciendo una propaganda basada en el miedo.
Nosotros intentamos hacer una revolución y la hicimos. Había hambre, había miedo, pero había mucha ilusión, y creo que eso te lo dirán todos a los que entrevistes de esta manera. Yo estuve en una colectividad campesina de Lérida y hace un tiempo fuimos a hacer un reportaje allí con una chica alemana, y cuando nos marchábamos encontré a dos viejecitas sentadas en la era, y las saludé. Se acordaban de mí, empezamos a hablar y a recordar, habían fusilado a sus maridos, y se iban todas las tardes allí a contar sus miserias. Se lamentaban del cambio de la sociedad, del egoísmo de la gente, decían que éramos todos hermanos y ahora estamos todos divididos.
Nos falta la alegría, la solidaridad…
Para aquellas mujeres el recuerdo que tenían era muy fraternal, era como un sueño dorado… No había abundancia de la comida, pero había cariño en la gente. Cuando tú tienes una esperanza en la mejora, no te acojonas, vas adelante, y lo menos importante es que todo el mundo pasa hambre, entonces no hay de qué lamentarse, todo vendrá a mejor. El problema es cuando tú pasas hambre y el otro se hincha. Por eso el PP tiene la intención de borrar todo eso, y por eso solo se habla de que si quemábamos iglesias y matábamos curas, no se habla de todo lo demás.
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Considerado el mayor biógrafo de Buenaventura Durruti, Abel Paz promovió los valores anarquistas en numerosas conferencias hasta el día de su muerte. No llegamos a tiempo para incluirlo en nuestro proyecto Vencidxs, pero sí a algunos de sus compañeros, como Conxa Pérez, Enric Casañas o Joaquina Dorado en Barcelona, y tantos otros en el resto del Estado.
Ha fallecido Leopoldo Iglesias, uno de los grandes supervivientes del Partido Comunista y activistas del movimiento pro-cubano.
Por DATECUENTA

Leopoldo Iglesias, durante la entrevista realizada el pasado 19 de mayo de 2011, en el local de la Asociación Bartolomé de las Casas | Foto: Aitor Fernández
Una vez más no hemos llegado a tiempo. El pasado sábado falleció Leopoldo Iglesias Macarro, otro de los 107 personajes del proyecto Vencidxs, que esperamos poder publicar en primavera, y alguien muy especial para nosotros, ya que fue a la primera persona que conocimos, allá en unas jornadas de memoria histórica en el año 2008. Su última llamada fue para avisarnos de que visionáramos la película Miel de naranjas, que había basado parte de su historia en su experiencia.
Leopoldo nació en Nerva, pero vivió siempre en Sevilla. En la ciudad fue testigo directo de la represión ejercida por las tropas de Queipo de Llano y los fascistas sevillanos. Tomó contacto con el Partido Comunista y se convirtió en un guerrillero urbano. Organizó huelgas, participó en redes de apoyo a los presos antifranquistas y abasteció a la organización político-militar. En 1949 fue detenido y sufrió un consejo de guerra. Permaneció dos años en la cárcel, donde sigue organizado económicamente y al salir continuó con la lucha. En la actualidad, luchaba siempre por reivindicar el proyecto cubano, “un referente de estado socialista y verdaderamente democrático.”
Puedes conocer a Leopoldo en una buena entrevista, aquí
Un artículo de su hijo, Pepe Iglesias, aquí.
Por ALEJANDRO RODRÍGUEZ
(Universidade Santiago de Compostela)
España, uno de los pocos Estados en el mundo que no ha reparado el sufrimiento de sus víctimas del fascismo, se sigue enfrentando todavía a la desidia, el desinterés, los miedos latentes y las amenazas por querer hacerlo.
Alejandro Rodríguez trabaja en el proyecto Vencidxs como asesor histórico. El video está extraído del proyecto.
La conservación del pasado traumático por parte de la sociedad civil en el Estado español ha permanecido intacta durante el transcurso de los más de 70 años desde el comienzo del conflicto. Esta memoria del trauma, que desde las esferas públicas se ha mantenido en el más estricto silencio hasta no hace demasiados años, ha tenido su respuesta desde el ámbito familiar o incluso desde algunos osados representantes de la ciudadanía desde la misma muerte del dictador Franco.
Representaciones de ese pasado traumático comenzaron a vivirse ya en plena transición, que de muy diversas formas fueron abriendo camino para que, de verdad, ese trauma pudiese cerrarse: contar la verdad de lo que había ocurrido, exigir la investigación por parte de la justicia y que fuese esta la que determinase la reparación de ese pasado traumático. Mienten quienes afirman que España fue una balsa de aceite durante el proceso transicional. Mienten cuando aseguran que fue pacífica, ya que estuvo cargada de muertos y de violencia. Mienten cuando afirman que fue la voz de la calle la que promovió los cambios, ya que las élites políticas nunca escucharon a quienes exigían cambios democráticos reales. Y mienten quienes afirman que nada se hizo por conservar el recuerdo y la memoria de aquellos que habían defendido la democracia republicana. Se hicieron exhumaciones de personas fusiladas por los golpistas, se levantaron monumentos, se publicaron miles de libros e incluso se intentó canalizar ese esfuerzo por la vía de los Derechos Humanos, algo que posteriormente se conseguiría en otros lugares con un pasado reciente traumático. Es cierto que no fueron masivas, ni mucho menos, pero la simple negación de su existencia supone faltar a una verdad histórica que lleva demasiados años siendo tapada por quienes disfrutaron de los beneficios de una dictadura que coartó la libertad de las personas e influyó de manera definitiva en el déficit cultural, social, político y económico de todo el Estado.
El shock que marcó el final de estas reivindicaciones sobre el pasado es innegable; lo demostró el golpe de Estado del 23 de febrero. El miedo a tensar demasiado la cuerda y que los militares volviesen a controlar por completo el Estado provocó de nuevo el silencio. Al menos, ese discurso se utilizó para tal fin. El pasado traumático, oculto en el silencio de miles de personas que lo habían sufrido en primera persona no preocupó en absoluto a unos poderes públicos que no hicieron nada por quienes defendieron la democracia. Y no sólo no se preocuparon de ello, sino que las trabas que durante muchos años han sufrido quienes pretendían investigar o acceder a la verdad reflejada en cientos de miles de papeles repartidos por todo el Estado fueron algo habitual.
Sin embargo, la tercera generación, la que desde el año 2000 lleva peleando por recuperar y por superar ese trauma exigiendo verdad, justicia y reparación, ha conseguido, cuanto menos, atención. Atención por parte de los medios de comunicación de masa. Atención de algunos estamentos públicos, aunque siguió siendo escasa y ahora de nuevo inexistente. Atención incluso de la justicia, que intentó solucionar y reparar el trauma de miles de personas todavía vivas –que nadie olvide esto– pero que no lo consiguió. La cuarta generación, la nuestra, sigue y seguirá con la lucha y la reivindicación de este pasado tal y como lo han hecho las generaciones anteriores, con el trabajo y la dignidad que demostraron quienes lucharon contra el fascismo por una sociedad más justa y democrática. Para muestra, Vencidxs.
“Mi madre me inculcó no creer en la venganza, y yo lo creí y lo creo.” Con esta pasión nos hablaba Laurentino Fernández, en la habitación de su residencia hace poco más de un año, el hijo de una maestra asesinada en un pueblo leonés que pudo salvar la vida de su padrastro alistándose a la División Azul. Nos contó que cuando la ARMH lo llamó para decirle que los restos de su madre habían sido localizados, se pasó media hora llorando sin parar. Recordaba una y otra vez la escena que Santiago Macías publicó ayer en su facebook: “No sabe usted lo que es contemplar a la hija de un excautivo, sentada a pie de la fosa, muy enferma ya, -se refería a su esposa, que siempre le apoyó en la búsqueda del cuerpo y que falleció al poco tiempo- viendo cómo limpiaban los huesos de mi madre.” Laurentino Fernández es uno de los 107 personajes del proyecto “Vencidxs”, en el que seguimos trabajando a contrarreloj.
Obituario de SANTIAGO MACÍAS (ARMH)

AITOR FERNÁNDEZ | Laurentino Fernández sujeta la imagen de conserva de madre, poco antes de ser asesinada, y que tenía a la vista en el el escritorio de la habitación de su residencia.
Acaban de comunicarme el fallecimiento de Laurentino Fernández Blanco, una de las personas más íntegras que he tenido la suerte de conocer.
Nacido en 1918, siendo muy niño quedó huérfano de padre (un militar muerto en la batalla de Annual -Marruecos- también llamado Laurentino) y de una maestra -María de los Desamparados Blanco- que tras el fallecimiento de su primer marido se casó con otro maestro siendo ambos destinados a la montaña leonesa.
En el verano de 1936, semanas después del golpe de Estado militar, el jefe de la Falange de Riaño ordenó asesinar a la pareja de docentes, deteniendo por error a un tercer maestro, Eusebio de la Riva, que también ejercía en Burón y que sería asesinado junto a la maestra al confundirlo con el marido de ésta.
Del boca a boca ha trascendido que aquel maestro llegó debilitado a la ejecución por las torturas recibidas, pero que María se defendió con valor enfrentándose a sus ejecutores hasta el final. Y que sus gritos se escucharon en todo el pueblo. Luego, la mujer de uno de aquéllos asesinos tuvo la desfachatez de quedarse con varias de sus prendas -como su abrigo y su bolso- para lucirlas durante años por el pueblo.
Laurentino y su padrastro huyeron del pueblo siendo detenidos en León y encarcelados en uno de los campos de concentración más siniestros del país, San Marcos, del que pudieron salir milagrosamente con vida.
La última vez que vi a Laurentino fue hace dos años, en la misma celda donde estuvo preso, hoy convertida en comedor del Parador Nacional; aquel día nos reunimos con su familia para celebrar la entrega de los restos de su madre, exhumada por la ARMH en el verano de 2009, para darle una sepultura digna.
Jamás olvidaré su historia, y se la contaré a mi hijo una y mil veces para que tampoco la olvide.
Descansa en paz, compañero.
Felisa Bravo, la republicana de 108 años y más lonjeva protagonista de nuestro proyecto Vencidxs, que publicaremos la próxima primavera, acaba de fallecer en París. Recuperamos la crónica que publicamos cuando la conocimos.
Felisa Bravo (Aldealcorvo, Segovia, 1904) vivió el estallido de la República con 27 años. Desde muy joven se dedicó a servir en casas, intentando siempre mejorar las condiciones de su trabajo. Durante la guerra su marido, guardia de asalto, luchó en el frente mientras ella inició la retirada con su hija. En Francia arriesgó su vida colaborando con la Resistencia. Su marido, del que no supo nada durante dos años, fue deportado a un campo de concentración nazi, saliendo de él moribundo.

Un rincón del apartamento donde vivía y conocimos a Felisa
Por AITOR FERNÁNDEZ
La verdad, fue el único motivo para ir a París. Después de ver de lejos las largas colas de museos y monumentos varios, llegamos a las afueras de París a visitar a Felisa Bravo, una mujer con un saco a rebosar de recuerdos vivos e hirientes, pero también una mujer, como de costumbre, llena de paz y sabiduría.
- Hemos viajado a París sólo para conocerla.
- ¿Sí?, bueno yo se lo agradezco mucho, yo estoy dispuesta siempre a estas cosas.
- Nos dijeron que estaba delicada de salud y no queremos molestarla mucho.
- Yo para esto nunca estoy delicada de salud. Sólo me falla la vista.
- Bueno es que ya son 107 años y no se puede tener todo…
- ¿Y por qué no? ¡Yo quiero tenerlo todo! ¡Yo quiero verlo todo!
Después del café y los chocolates que ella misma sirvió, Felisa empezó a desgranarnos su memoria. La verdad, fue una oportunidad para nosotros y una tarde inolvidable el escuchar a una mujer que tenía 27 años cuando se proclamó la II República.
De niña “traviesa” y de adolescente “rebelde“, durante la dictadura de Primo de Rivera le decía a sus compañeras de gremio, las chicas que “iban a servir a las señoras burguesas”, que exigieran un buen trato y el descanso oportuno que a ella ya le daban.
Durante la República Felisa se casó con un hombre del que siguió siempre enamorada y al que no quiso “reemplazar” cuando se quedó viuda, pues nadie podría haber sustituido nunca “a un hombre tan bueno y tan guapo”. Decía que su matrimonio, aunque corto (quedó viuda en 1948) fue ejemplar: “En una couplé es muy importante que las dos personas piensen y sientan igual, y así era con mi marido”. De ese matrimonio surgieron dos niñas; la primera murió, y la segunda, Nieves, fue una niña a la que Felisa tuvo que criar casi todo el tiempo sola, pues su marido primero fue al frente, luego a un campo de concentración en el exilio y de allí a un campo de concentración nazi, del que salió moribundo. Felisa dice haber llorado dos veces en su vida: la primera, cuando murió su marido, la segunda cuando murió su hija, muy enferma a los 70 años.
La verdad, podríamos llenar páginas y páginas sobre la vida y las palabras de Felisa, esta mujer que trabajó de sol a sol en tierra extraña, que nunca volvió a ver a su madre y que salvó a muchos franceses de los nazis. Pero no lo voy a hacer porque las cosas se tienen que hacer con paciencia y dedicación y Felisa, al igual que las 90 personas que ya llevamos entrevistadas, no han sido una reseña en un periódico, sino vidas por descubrir y de las que aprender.
- ¿Cuánto os quedáis en París?
- Sólo un día Felisa, nos tenemos que ir.
- ¿Tan pronto?
- Mi abuela está enferma y tenemos que volver ya
- Qué lástima, mándale un abrazo de mi parte. Las abuelas son muy importantes.
La verdad, sí lo son. Las abuelas rojas son ejemplos vivos de memoria, de tenacidad y de lucha por salir adelante. Porque no hay otro objetivo en la vida, ninguno más que el mismo de estas abuelas, que han aprendido y enseñado a amar en medio de mares de dificultades y desprecios. Las abuelas rojas que engendran nietos rojos. Las abuelas rojas que han sido nuestra semilla y el testigo en la lucha contra todas las desigualdades sociales.
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