Nostalgia de playa

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El imaginario de la playa, que aparece en nuestra cultura como sinónimo de descanso, tiene un sentido muy diferente para el pueblo senegalés. Aquella playa que vio partir esclavos y hoy ve partir cayucos, el horizonte que tanto respetan nuestros vecinos subsaharianos. | Por PABLO ROGERO

“Été toi toi encore Été, Été du royaume d’Enfance”
ÉLÉGIE DES EAUX
Leopold Sedar Senghor
Poeta y político senegalés

Supongo que en el imaginario de la mayoría de los que mirarán estas fotos, la playa es sinónimo de descanso, de verano, de escapada… especialmente para los que, como yo, procedemos de la reseca meseta y nuestros recuerdos estivales llevan casi siempre el sabor de la sal, el ruido de las olas, la caricia del sol.

01 - Foto: PABLO ROGERO

01 | Foto: PABLO ROGERO

El pasado verano tuve le oportunidad de recorrer con mi cámara la costa senegalesa, desde Dakar a Cap Skirring y ver la playa desde otras perspectivas. Naturalmente que no me son ajenos los pescadores del mediterráneo y el cantábrico, los que venden latas, artesanía o gafas de sol en las atestadas playas de toda la península, ni los que tratan de hacer temporada en alguno de los miles de chiringuitos que brotan por doquier… Pero esta era mi primera incursión en la costa atlántica africana, la que vio partir a los esclavos durante años y la misma que centenares abandonan en cayuco cada semana.

02 | Foto: PABLO ROGERO

02 | Foto: PABLO ROGERO

La región de Cassamance, al sur del país, y bordeada por Gambia y Guinea-Bissau, es de mayoría diola, etnia conocida por su tenaz resistencia a las diferentes invasiones coloniales. En la playa de Kafountine pude fotografiar la llegada del pescado a primera hora de la tarde. Con mar picada y un cielo que anunciaba dos días de lluvia vimos como por menos de 50 céntimos cada viaje, los mozos portaban a toda prisa cajas de gran volumen desde las barcas ancladas hasta la lonja a cincuenta metros de la orilla. La gente de la zona cuenta que son demasiado frecuentes los accidentes y que algunos de estos porteadores han muerto ahogados. La mayor parte de este pescado va a parar al mercado asiático, por sus precios altamente competitivos.

03 | Foto: PABLO ROGERO

03 | Foto: PABLO ROGERO

04 | Foto: PABLO ROGERO

04 | Foto: PABLO ROGERO

Pero en este rincón de África la playa también es sinónimo de juego. Junto a las zonas de descarga del pescado, los niños (que le tiene un miedo terrible al mar) corretean por la orilla empujándose o asustándose entre ellos con algún pez que ha saltado de las cestas.

05 | Foto: PABLO ROGERO

05 | Foto: PABLO ROGERO

Lo de Senegal y el deporte es un amor apasionado… El fútbol, principalmente, pero también la lucha senegalesa son la causa del continuo trasiego de jóvenes (todos hombres) entrenando en las playas con las últimas horas de sol. La oportunidad para escapar de la pobreza pasa por una constante puesta a punto física, de horas semanales de entrenamiento, con la vista puesta en los campos de futbol europeos y en la posibilidad de conseguir billete de ida a través de alguno de los ojeadores que visitan el país.

06 | Foto: PABLO ROGERO

06 | Foto: PABLO ROGERO

07 | Foto: PABLO ROGERO

07 | Foto: PABLO ROGERO

Decía Senghor, el poeta y humanista senegalés que se convirtió en el primer presidente del país, que a diferencia del blanco, que todo lo contempla a través de su razón analítica, el negro africano utiliza la razón intuitiva, la de la comunión con el otro para conocerlo. Quizás por ello, aunque disfruté tanto haciendo estas fotos, no dejé de sentirme como un mirón. Como un intruso que convierte una playa en objeto de nostalgia.

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About Pablo Rogero

Director de documentales y realizador, lleva más de una década dedicado a la grabación, producción y edición de proyectos audiovisuales. Entre sus proyectos destacan los tres documentales televisivos “La misma piedra”, “Flores para Pedro” y “Una historia de familia”. Es docente en nuestra escuela libre.

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