Paquina, enlace de la guerrilla antifranquista: “El que olvida su pasado no es digno del presente”

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Me llamo Francisca Nieto Blanco, pero los guerrilleros me apodaron “Paquina” y durante mucho tiempo me llamaron así. Yo pertenecía a una familia de derechas, pero me enamoré de Vicente Campillo, un líder sindical durante la República en Ponferrada. Entonces mi mundo cambió completamente. Me casé con él y tuvimos un hijo al que llamamos “Alberto Progreso” Cuando estalló la guerra, mi marido marchó al frente de Asturias. Murió en la zona del Escamplero. Entonces yo empecé a colaborar con los huidos que regresaban del frente asturiano. Me detuvieron y encarcelaron en cuatro ocasiones. Aproveché la libertad de 1948 para emigrar a Latinoamérica. Regresé definitivamente treinta años después.

Recuperación de la entrevista a Francisca Nieto, Paquina (1913-2007), realizada por AITOR FERNÁNDEZ en marzo de 2002.

Paquina, luce usted muy guapa

La vejez hay que mirarla con respeto, no con guapura. La guapura ya pasó. La guapura está dentro. Ahora pasaron los años y quedaron los hechos. Vosotros proceded bien para llegar a esta edad y estar tranquila como estoy yo. Cada paso que deis, acordaros de esto: el que no trabaja no tiene derecho a vivir.

¿Cómo se implicó en la lucha antifranquista?

No por algo político, sino como algo leal, espiritual, porque mi marido, muy jovencito cuando murió, tenía 26 años, era un idealista, y claro, como yo estaba educada de otra forma, pero yo me enamoré, y vi los hechos, y claro, sufrí las consecuencias, y naturalmente, trataba en el fondo de aliviar el dolor de los que estaban, después de la guerra, en los montes. De decirles que no estaban solos, que nosotros estábamos con ellos.

¿Cuál fue su primer contacto con los guerrilleros? 

La primera vez que me encontré con ellos fue aquí, en Flores del Sil. Había tres hombres, y vine simulando que yo traía un queso, pero simulando, porque yo se lo daba.

Paquina fue miss Ponferrada antes de conocer a Vicente Campillo

Paquina fue miss Ponferrada antes de conocer a Vicente Campillo

¿Qué peligros corrían ustedes ser enlaces?

Yo no tenía tanto peligro por ser enlace como por ser la mujer de Campillo. Me metieron en la cárcel, y allí sufrí muchísimo, los cuatro primeros meses. Era una cárcel pequeña, ahora es el Museo de Ponferrada. En la parte de abajo estaban los hombres, arriba las mujeres, en una habitación pequeña, estábamos no sé cuántas, quizá 30 … A una chica la mataron, y a otros, y a muchos… Es bueno que todos los crímenes que hubo queden en la Historia, como van a quedar los de la ETA, que son otros criminales. Los franquistas criminales, son todavía más criminales, porque hicieron crímenes horrorosos. Hay que tratar que no haya más guerras, tratar de estudiar y prepararos bien. 

Aún así usted ayudó a muchos guerrilleros, entre ellos a Girón

Yo recuerdo a Alida, su amiga, su compañera, no su mujer, yo creo que no era su mujer, eso son las malas lenguas. Yo creo. Como mataron a su marido, ella era después la que ayudaba a Girón, y después se escapó porque la iban a matar. La madre de Girón venía a mi casa, eran muy pobres, compraban un cuarto de quilo de queso, no podían comprar un quilo. Era muy peligroso colaborar con ellos, si me hubieran cogido haciéndolo me hubieran matado.

Paquina, ¿cómo la detuvieron?

En ese momento se estaba formando una organización de unión nacional. Yo no era política, pero era anticrimen, antiguerra, y escribí una carta diciendo: “Estoy dispuesta a dar la vida si es necesario, pues la vida no tiene importancia vivirla como yo la vivo”. Yo sabía que tenía peligro, pero estaba sufriendo mucho porque yo amaba a mi marido, hoy lo sigo amando y todos los días me acuesto acordándome de él. A mi marido le interesaba que hubiera una ley para el trabajador, sus 8 horas de trabajo, y que no le faltara el pan para darle a sus hijos. Ése era su ideal.

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]¿Qué hacen ya que no me matan? Estaba harta de sufrir.”[/four_columns]

Y la cogieron por escribir esa carta…

Mi idea al escribirla era que no se sintieran solos, desamparados, que estábamos las mujeres espiritualmente ayudándoles. La firmé escribiendo “L.M.D.C.”, que significaba “La Mártir De la Causa”. Pero se daba la casualidad de que también quería decir “La Mujer De Campillo”. Así que una vez que ya supieron que la carta la había mandado yo, compararon la letra, yo la negaba. Un señor que era maestro, dijo “hay un rastro…”, porque me quería mucho, pero…

Entonces la presionarían mucho para que delatara a los guerrilleros y a los enlaces

Pasé un calvario. Me encarcelaron, pero me llamaban a declarar cada poco tiempo. Tuve que salir más de 200 veces a declarar ante los cuatro jueces militares. Me interrogaban, me asediaban con preguntas, pero yo me propuse no decir nada. Sufrí todas las vejaciones en lo moral, lo confieso, en lo demás siempre me respetaron.

¿Cuánto tiempo estuvo en la cárcel?

Yo estuve en la cárcel 4 veces. Una vez me encarcelaron porque era el 14 de abril, el día de la República, ¡pero yo no sabía nada! Estuve muchos años esperando la muerte, así que ¿cómo no voy a ser mártir?, dejando a mi hijo en mi casa, yo les decía: “¿Qué hacen ya que no me matan?” Estaba harta de sufrir. 

La paloma de la paz que Paquina colocó encima del televisor es un regalo de su nieto | Foto: Aitor Fernández

Con su compañera en la guerrilla y en la residencia, Teresa Álvarez. La paloma de la paz que Paquina colocó encima del televisor fue un regalo de su nieto | Foto: Aitor Fernández

¿Qué pasaba con su hijo mientras usted estaba en la cárcel?

Recuerdo una noche… Mi hijo tendría siete u ocho años y yo seguía en en la cárcel. Estábamos noventa mujeres en una habitación pequeñísima. Decía la celadora: “¡Si no pueden dormir acostadas, duerman derechas!” Por la noche, mientras los guardas de la cárcel estaban vigilando, mi hijo se acercaba por fuera con el hijo de otra presa, se paraba delante de la ventana, y cantaba… A ver si me acuerdo… “Madre, la del cabello de plata / que en tu regazo sublime / cuando me hiciste soñar / Madre, por la que tanto he sufrido, / no quisiera verte lejos / ni ver tus ojos llorar / Amor como el tuyo / no encuentro en la vida, / ay, madre del alma, / de amor sin igual, / el viento te lleva / jirones del alma, / ay, madre del alma, /cuánta es tu bondad …”

Pone usted los pelos de punta

Cuando uno es joven, los consejos de las viejas nos molestan. Pero los consejos de mi padre me han servido.

Las personas que sufrimos tanto y no tenemos techo donde acogernos ni hijos que nos cuiden [su hijo murió], ahora no nos falta nada. Esta residencia la hicieron con esa idea, cuando lo fui a solicitar exigían tener una jubilación pequeña, no tener hijos ni techo, porque el que tiene una jubilación grande, puede pagar una particular. Ahora, como ha entrado el gobierno que está [gobernaba el PP], que no lo critico, pero si yo he trabajado tanto, he hecho de sirvienta, de patrona, he labrado la tierra, he sembrado árboles…

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]Ahora sufro por los que están sufriendo, por los que están luchando. Y lloro, pero ya no puedo hacer nada.”[/four_columns]

Tuvo que trabajar mucho para salir adelante

Hay que trabajar, ser útiles en algo, tener un hijo, sembrar un árbol, tener tranquilidad de haber procedido bien, dejando buenas herencias y las riñas y las disputas a un lado. Paz… paz… paz, la que tengo yo ahora. Paz… Aunque sufro por los que están sufriendo, por los que están luchando. Y lloro, pero ya no puedo hacer nada. Pero vosotros, cuando veáis esas peleas, haced buenos hechos y las armas que las agarren los criminales, no vosotros. Sabe Dios la época que venga ahora. 

Estaba usted tan perseguida que en 1948 decidió emigrar 

Nos llamaban a la puerta durante las manifestaciones, decían: “¡El que no salga, rojo es!” Lo pasamos muy mal. Entonces vino aquí un teniente coronel que conocía mi prima. Un día me lo presentó. Le dijo: “Ésta es mi prima Paquina”,”¿Cómo?”, dijo él, “¡La célebre Paquina, la que tanto sueño nos ha quitado!”. Mi prima le dijo: “Queremos pedirle un favor, que le dé pase libre para poder ir a Buenos Aires”. Contestó:  “¡Claro que sí, con los brazos abiertos! Eso se lo agradezco yo, porque el dinero que nos está costando usted…”

¿Recuerda la travesía?

En el barco, mi hijo cantaba la canción del emigrante, la de Juanito Valderrama. Él ya tenía 14 años. Decía: “¡Francisca Nieto y su hijo Alberto Campillo se despiden de todo El Bierzo!” Cuando yo volví, las compañeras me vinieron a visitar, me decían que cada vez que oían tocar esa canción se acordaban de mí. Así que eso quedó también en la historia. En América el pobre chico se tuvo que poner a trabajar, pero allí nos acogieron muy bien, nos dieron trabajo. Y ahora son ellos los que nos necesitan.

Siento que conociéndola a usted por fin he conocido la verdadera historia

Hoy oís nada más que lo que ellos quieren decir. Dicen que hay que olvidar el pasado, pero yo digo que el que olvida el pasado no es digno del presente, porque no le sirve. El pasado sirve de lección en el presente, sobre todo para que no haya tanta avaricia, tanto crimen, tanta riqueza y tanta pobreza.

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Paquina fue una de las míticas enlaces de la guerrilla en El Bierzo. No llegamos a tiempo para incluirla en nuestro proyecto Vencidxs, pero sí a algunos de sus compañeros como Ángela Losada, José Valle, Manuel Álvarez y tantos otros en el resto del Estado.

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About Aitor Fernández

Fotoperiodista freelance para el massmedia hasta que fundó DateCuenta. Entre sus proyectos destacan “Las voces de los cayucos”, “Mujeres valientes” o “Vencidxs”, donde se recuperaron más de 100 memorias orales para entender nuestra historia más reciente. También es docente en nuestra escuela de comunicación libre.

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