“¿Cómo vamos a cambiar el mundo?” Adiós a Conxa Pérez

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Hoy decimos adiós a Conxa Pérez, la miliciana anarquista cuyo testimonio recogimos para Vencidxs. Participó en las colectivizaciones barcelonesas y regresó del exilio en Francia con un hijo que más tarde rescató de la muerte en la Maternidad.
Por MÓNICA SOLANAS y AITOR FERNÁNDEZ

Conxa Pérez | Foto: AITOR FERNÁNDEZ

Conxa Pérez en 2010 | Foto: AITOR FERNÁNDEZ

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]Las cosas cambian con la persuasión y el ejemplo. Si alguna vez hay que romper algún cristal, yo no lo veo tan mal.”[/four_columns]

«La guerra fue una monstruosidad, las guerras no sirven para nada. Nosotros queríamos cambiar la sociedad, encaminarla poco a poco hacia lo nuestro. Las cosas cambian de muchas maneras, por ejemplo con la persuasión y el ejemplo, pero si de vez en cuando hay que romper algún cristal, yo no lo veo tan mal»

La Revolución existió. Para Conxa, la Revolución fue un momento feliz. Y los primeros años de la República también significaron un episodio luminoso para ella, «representaron una explosión del movimiento libertario». No pudo ir a la escuela, pero le enseñaron sus lecturas de Federica Montseny, de Víctor Hugo, de Federico Urales, de Bakunin. Afiliada a las Juventudes Libertarias y a la FAI, que su padre fuese uno de los fundadores de la CNT le permitió ser la primera mujer que asistía a las reuniones de la Confederación.

Conxa Pérez con su grupo de amigos en 1934. Ella en el centro, de pie y con falda oscura.

Conxa Pérez con su grupo de amigos en 1934. Ella en el centro, de pie y con los brazos abiertos.

La vida de Conxa ha sido muy larga. Participó en las huelgas del transporte; creó redes de ayuda de hijos de obreros; abrió una escuela Racionalista; pasó cinco meses en La Modelo; se independizó muy joven del machismo de su padre y hermanos; aprendió a disparar y a fabricar armas. Vivió el frente en Aragón corriendo entre las balas pero «con mucho entusiasmo»

En mayo del 37 «la ilusión por la Revolución se fue esfumando»: la guerra estaba perdida y «los conflictos entre las diferentes fuerzas de izquierdas» no ayudaban a tener esperanzas. Las buscó cruzando la frontera al año siguiente, pero su camino fue a dar con el campo de Argèles-sur-Mer. Deseaba volver a España. Y lo hizo. Con el pequeño Ramón llegó a una Barcelona desoladora, «me costó mucho levantar cabeza». Dejar temporalmente a su hijo en la Maternidad no la ayudaba: «Si llego a tardar un poco más me lo matan: cuando me lo dieron estaba completamente desnutrido.»

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]Si no nos entendemos entre quince o veinte, ¿cómo vamos a cambiar el mundo?.”[/four_columns]

Pero la vida de Conxa ha sido muy larga. Y salió adelante. Con su compañero. Con su pequeño negocio en el Mercat de Sant Antoni. Transmitiendo «la memoria a muchos jóvenes que se interesaban en ella» cuando murió Franco. También penando porque la Transición no hubiera traído la creación de un sindicato fuerte.

«Hoy les diría a todos los jóvenes que cuestionaran su juventud. Que miren cómo viven y qué es lo que es necesario cambiar». Y que trabajen contra la falta de unión. También les pediría unión, porque «si no nos entendemos 15 o 20, ¿cómo vamos a cambiar el mundo?». Hoy que nos ha dejado, tenemos el deber moral con Conxa de buscar esa unión, de seguir transmitiendo su memoria. Nuestra Memoria.

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La despedida de Conxa será mañana a las 14,15h en Les Corts (Barcelona). Hoy, familia y amigos estarán en el tanatorio de Les Corts a partir de las 18h.

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About Mónica Solanas

"Nací con un lápiz y una libreta en una mano, mientras con la otra arrastraba algún libro. La curiosidad hizo el resto." Mónica Solanas ha trabajado de muchas cosas, pero es ante todo periodista. También enseña (o "ayuda a aprender", como le gusta afirmar) en nuestra escuela de comunicación libre. Si te ha gustado este artículo, no te pierdas su blog.

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