Homenaje al anonimato

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Una documentación de la vida cotidiana de su abuela, pero también la de toda una generación de mujeres descendientes de la posguerra. Este homenaje al anonimato fue el tema escogido por Bru Aguiló como proyecto final del curso ‘Fotoperiodismo Libre’. Poesía de una miseria no muy lejana que puede no tardar en volver.

Por BRU AGUILÓ >

Homenaje al anonimato | Foto: BRU AGUILÓ

Homenaje al anonimato | Foto: BRU AGUILÓ

Su realidad termina en los límites de su paseo cotidiano, cuando tiene suficientes fuerzas para salir a la calle, acompañada, y recorrer apenas una manzana; en los límites de la programación de la televisión; en la preocupación por no malgastar ni un céntimo de su paupérrima pensión; y en un mar de pensamientos y vivencias pasadas encerradas en el buzón de los recuerdos. Recordando, recuerda tener diez años y volver de la enésima alerta de bombardeo, y encontrarse con un solar lleno de escombros donde se suponía que estaba su casa. Patatas para desayunar, patatas para comer y patatas para cenar. Si es que había. El pan duro la acompañará toda su vida.

Homenaje al anonimato | Fotos: BRU AGUILÓ

Homenaje al anonimato | Fotos: BRU AGUILÓ

Sonríe al mirar atrás y revivir escenas de miserias bucólicas. Una cazuela de barro y tantas cucharas como comensales. Pertenece a la generación que sufre la Guerra Civil en plena adolescencia. Nace en Corbera de l’Ebre, en el seno de una familia humilde y trabajadora, condición que seguirá acarreando toda su vida. Cumple con jornadas laborales de aquellas que empiezan con la primera luz del día y acaban con el último rayo de sol, adaptándose a los tempos de la agricultura, importantes, y del patrón, determinantes. Y sigue recordando, y recuerda; carros tirados por mulas, que en vez de cargar hortalizas o frutos varios, cargaban montones de cuerpos humanos, y hermanos, que la tierra iba expulsando de sus entrañas, fruto del trabajarla y de las inclemencias del tiempo. No habrá crímenes impunes, aunque el miedo al recordar el infierno borre toda intención. Durante las malas épocas, cuando en el campo eran prescindibles, se dedicaban a recoger metralla para venderla luego a peso. Nunca nadie le ha preguntado nada.

Homenaje al anonimato | Foto: BRU AGUILÓ

Homenaje al anonimato | Foto: BRU AGUILÓ

Homenaje al anonimato | Fotos: BRU AGUILÓ

Homenaje al anonimato | Fotos: BRU AGUILÓ

Cuando se le presenta la ocasión, abandona el ser jornalera para convertirse en sirvienta y así limpiar los suelos que pisan pezuñas burguesas vencedoras. Por 30 pesetas al mes, frente a las 15 diarias que gana su futuro marido trabajando la tierra. Se casan a principios de la década de los cincuenta y pasados doce años llegan a Barcelona, buscando un futuro digno para sus dos hijas de diez y cuatro años. La ciudad les ofrecerá vivir en una portería, y encargarse ella de la limpieza y el cuidado de la escalera; él trabajará en una fábrica de fundido de metales hasta que se quemará (la fábrica). Gracias a la ayuda vecinal, trabajará de ayudante en una carnicería durante el día, y de vigilante nocturno en un parking durante la noche. Las niñas se quedarán en la portería de noche, recién acostadas, y ella hará su excursión diaria con dos bocadillos bajo el brazo, rumbo al parking. Allí, entre un mar de coches y en la boca de las entrañas de la ciudad, cenarán los dos. Sonríe al contarlo. Para las dos niñas, la ciudad deparará formación universitaria y humanística para una, elección capitalista para la otra.

Homenaje al anonimato | Foto: BRU AGUILÓ

Homenaje al anonimato | Foto: BRU AGUILÓ

Se va marchitando, se va muriendo. A sus ochenta y siete años ya no se le pueden exigir facturas, sino brindarle como mínimo la ocasión de despedirse en paz de un mundo que se le ha derrumbado bajo sus pies. Y ahora se va quedando en menos y menos, y es un fue, nunca más un será. Un es muy, muy cansada.

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Somos una entidad sin ánimo de lucro dedicada al mundo de la comunicación libre cuya escuela sirve como fuente de financiación de sus proyectos. Queremos revolucionar la enseñanza de las materias de la comunicación gráfica y escrita: nos autogestionamos, somos prácticos, económicos y ponemos el componente humano por encima de todo. Este artículo ha surgido de la tutorización a su autor/a.

There are 2 comments

  1. Bru

    Hola Laura! No falta ninguna palabra en la última frase; juega con el poema de Quevedo, “Ah de la vida…”

    (…)
    Ayer se fue; mañana no ha llegado;
    hoy se está yendo sin parar un punto:
    soy un fue, y un será, y un es cansado.
    (…)

    Gracias por tus palabras. La intención era partir del caso de mi abuela para homenajear a toda una generación de mujeres que ha vivido bajo el yugo del patriarcado permanentemente, y bajo un régimen fascista y dictatorial, a cara descubierta hasta el 75′, y bajo el preciado comodín de “lo democrático” a partir de entonces. Y hasta el día de hoy. Pero bueno, seguimos!

    Abraçada

  2. Laura

    Felicidades por el reportaje, Bru. Muy buenas fotos, acorde con el tema, como si estuviéramos infiltrados en la vida anónima de la protagonista. Pero sin asaltarla…

    Por otro lado, no entiendo la construcción de la última frase. ¿Falta una palabra? (De todos modos el texto me ha encantado también.)

    Un saludo,

    Laura A.

Comentarios