A mí me daría miedo. Refugiados (Proyectos Finales 14/15)

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El buen fotoperiodista se adelanta a la actualidad y dirige su mirada a temas importantes aunque no  estén en los medios. Eso  hizo Romina Ficca, alumna del curso Fotoperiodismo Libre 14/15, adelantándose a la actualidad al documentar el día a día en un piso de refugiados políticos de Barcelona. Ahora es Siria. Pero también Ucrania, Palestina, El Salvador, Irak, Guinea Conakri.

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

Por ROMINA FICCA >

El destierro es redondo:
un círculo, un anillo:
le dan vuelta tus pies, cruzas la tierra,
no es tu tierra,
te despierta la luz, y no es tu luz,
la noche llega: faltan tus estrellas,
hallas hermanos: pero no es tu sangre.

Eres como un fantasma avergonzado
de no amar más a los que tanto te aman,
y aún es tan extraño que te falten
las hostiles espinas de tu patria,
el ronco desamparo de tu pueblo,
los asuntos amargos que te esperan
y que te ladrarán desde la puerta.

(Exilio, Pablo Neruda)

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]El gobierno español recortó este año el 30% del presupuesto para los refugiados políticos”[/four_columns]

Ehab, Samar, Ther, Oleksander, Moro, Noel, Viola, Roman, Alseny son todos refugiados políticos. Llevan unos seis meses aquí en Cataluña a la espera de que el gobierno les diga si su caso vale la pena, o para decirlo mejor, si vale la vida.

Estos son sus verdaderos nombres, estas son sus vidas. Ucrania, Palestina, El Salvador, Irak, Guinea Conakri.

La guerra, la infamia y la sangre de los suyos.

A mí me daría miedo | Fotos: ROMINA FICCA

A mí me daría miedo | Fotos: ROMINA FICCA

Cuando llegué a la estación de tren de Sant Feliu no sabía qué me esperaba: me había imaginado que entraría en unos pisos desordenados, pobres, tristes. Pero no fue así, me sorprendió la increíble dignidad de las casas, de sus casas. Sin ruido, con la luz mañanera que iluminaba todas las esquinas. Quizás sí, dichos pisos me parecieron anónimos, como lo son las historias de cada uno de los personajes aquí retratados a los ojos de Europa. De hecho, este año el gobierno español ha recortado el 30% del presupuesto para los refugiados políticos, que ya era mínimo. No importa cómo, pero todos se han escapado sin vuelta atrás. Samar llora por su marido, Noel ya no sabe nada de su novia, Ehab teme por su familia que dejó desamparada, Oleksander está feliz por no tener que ser militar, Ther no puede olvidarse ni en sus sueños del horror que sus ojos tienen grabado. Todas sus historias están llenas de rencor, de miradas a otro lado y de miles de kilómetros recorridos con la única esperanza de sobrevivir, de vivir. Sin embargo, a pesar del pasado de cada uno, sus vidas empiezan a tener un fino equilibrio, una cotidianeidad que sustituye los antiguos colores, los antiguos paisajes.

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]A mí me daría miedo. No tanto a cruzar el charco y escaparse, sino a luchar como lo hicieron en su tierra, siendo desobedientes casi hasta la muerte”[/four_columns]

Noel está aprendiendo árabe para poder comunicarse con su compañero de habitación, Ther. Roman está homologando su título universitario. Samar ha dado a luz a su pequeño hijo Ismael, que solo conoce los ruidos de la noche de aquí. Entre ellos se pelean y se entienden como una verdadera familia. En las reuniones que hacen una vez por semana, escucho como se quejan porque Oleksander usa demasiado aceite para freír las patatas y como esto llena de malos olores la ropa de todos. Alseny se molesta porque es él el que siempre limpia el baño y Moro quiere discreción cuando habla por teléfono. Todos quieren trabajar y no se rinden a la situación económica actual de este país.

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

No importa de donde vengas, cuantos océanos hayas visto y cuantas balas hayas evitado: el instinto de supervivencia anula los límites, nos hace a todos Humanos, nos une y nos fortifica, nos marca para siempre.

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

A mí me daría miedo | Foto: ROMINA FICCA

[four_columns alpha=”0″ omega=”0″][dropcap_custom]”[/dropcap_custom]No desean nuestra caridad, no desean ser reconocidos como héroes o mártires, desean vivir, salir a pasear el domingo y poco más”[/four_columns]

“A mi me daría miedo”, leo en la televisión en casa de Samar, mientras ella me cuenta cómo toda su familia la rechazó por amar a un hombre poco adecuado para su rango. Y sí, a mi me daría miedo arriesgarme como hicieron ellos. No tanto a cruzar el charco y escaparse, sino a luchar como lo hicieron en su tierra, siendo desobedientes casi hasta la muerte. Y es asombroso ver como existe la normalidad dentro de la vida extraordinaria de ellos, no obstante viven desarraigados, desterrados y con una constante nostalgia lejana pero siempre presente. No desean nuestra caridad, no desean ser reconocidos como héroes o mártires, desean vivir, salir a pasear el domingo y poco más.

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