El amor: crónica de la masterclase con Ana Álvarez-Errecalde

Fotografía de WAYRA FICAPAL

Una cincuentena de veces repiten los Beatles: «All you need is love».

La canción se titula, cómo no: All you need is love.

Todo lo que necesitas es amor.

Ya se confesó la viejecita de la película Titanic, que lo que sentía por su amado le salvó en todas las formas en las que alguien puede ser salvado. El amado también puede ser una cámara digital.

El pasado 23 de noviembre, en la Sala Maria Aurèlia Capmany (El comportamiento amoroso de la mujer) del centro cívico Pati Llimona, el amor brotó del proyector con sus evanescentes luces, brotó de las sinergias con el público y de los agradecimientos dados.

Por JESÚS MARTÍNEZ | @reporterojesus

La artista y fotógrafa Ana Álvarez-Errecalde (Bahía Blanca, Argentina, 1973) expuso sus trabajos sobre la maternidad, sobre la condición femenina, sobre el amor en definitiva. Amor que se vindica: «Yo soy la séptima de siete hermanos y nunca he visto una foto de mi madre embarazada».

Programada en el marco de las masterclass de la escuela de fotografía DateCuenta, y ante un nutrido aforo de madres, alumnas y docentes, la charla de dos horas fue presentada por el profesor Aitor Fernández («somos una escuela basada en la libre enseñanza»).

Irisada de una sorprendente aura blanca que sirve de fondo a sus composiciones, tranquilamente predispuesta a sondear el alma (escrutable), con la meliflua voz de las ocarinas, Ana Álvarez se mesaba el cabello ensortijado, liso como una mecedora, apoyada en su laptop con la pegatina «Mujer power».

Acerca de la serie «El nacimiento de mi hija» (2005), compartió experiencias que, en su caso, son disparos buenos con la Canon: «Quise revertir el orden del parto. Normalmente, la mujer que pare es infantilizada, grita y está asustada. Yo quise poner a la mujer en el centro, no al médico».

«El nacimiento de mi hija» (2005), obra de ANA ÁLVAREZ-ERRECALDE

Por eso define las imágenes en las que ella sostiene a su bebé, con la placenta a sus pies, como «imágenes de hechizo».

La bebé ya se vale por sí misma. Se llama Milla, cree en el dios wifi –por las veces que consulta los nuevos mensajes en el teléfono móvil– y está orgullosísima de su primera foto, en brazos de su mamá: «A veces me da cosa, pero me gusta. Así es como empezó mi vida».

Al hilo de este autorretrato, se mostró el documental Umbilical self-portrait, en el que la autora aprende a decir no a los estereotipos (no a la cosificación de la mujer) para seguir avanzando con un sí rotundo (Lacta est vita).

Selección de frases: «me expongo tanto como se puede exponer el espectador: yo pongo encima de la mesa mi experiencia; el espectador, sus prejuicios»; «aprender a ver»; «tenemos una conciencia colectiva y unos preconceptos instalados en nuestro yo, como un Google interno»; «salud relacional»; «en la publicidad de compresas, la sangre es de color azul, asusta la sangre, y la sangre está ligada al universo masculino, como fortaleza, como violencia, pero en el nacimiento, la sangre da la vida»…

Con esta última afirmación, Ana satiriza la «explotación a la que se someten los cuerpos de las mujeres». En su proyecto «Tres gracias sangrantes» (2012), se empoderan las tres gorditas desnudas de Rubens (Belleza, Abundancia, Júbilo).

Un día te dicen: «tu hijo va a morir». Y se te para la vida.

Neuquén, el primero de los tres hijos de Ana Álvarez-Errecalde, nació con una anomalía genética. Los doctores no le daban más de dos años de vida. Se equivocaron.

«Un día te dicen: “tu hijo va a morir”. Y se te para la vida. Pero… [se enternece, el plácido mar de los sinfónicos Haevn], pero yo no quise ser la excusa de mis propias limitaciones. Así que la única pregunta que me pude hacer es: ¿estoy dispuesta a amar? Yo he aceptado lo que la vida me ha dado, venga como venga, dure lo que dure. El miedo es como un monstruo, hay que mirarle a los ojos».

el amor cronica ana alvarez errecalde

El amor como sostén. El amor que da alas (no Red Bull). El amor como existencia.

Vínculo. Forma. Asa.

«Everyday I love you more and more», le cantó el enamorado Ewan McGregor a una esplendorosa Nicole Kidman en Moulin Rouge.

El amor que le dedica el novelista Jerzy Kosinsky a su estimada Katherina, en la primera página de Desde el jardín: «quien me enseñó que el amor es algo más que el anhelo de estar juntos».

El amor que se sorprende en las cartas de Ernesto Sabato (La resistencia): «qué grandiosa y conmovedora es la presencia de la bondad en medio de la ferocidad y la violencia».

En boca de Ana, el amor asciende, se evapora, se condensa. Cae en gotas translúcidas:

«En la vida no hay certezas. La enfermedad forma parte de la vida. La muerte forma parte de la vida».

«La vida y la muerte pasa en los hospitales. Pero si los llevamos a las casas, como antes, la vida y la muerte se naturalizan, que es como ha de ser. Y eso ayuda a cuidar».

«En nuestra sociedad se empaqueta la muerte, se quiere que pase rápido, que no se note apenas, es una muerte comprada».

«La felicidad son momentos espontáneos».

«La belleza en la diferencia».

La historia de Ana Álvarez-Errecalde, radicada en Barcelona (de ahí su propuesta con las «Islas migrantes»), se basa en el profundo conocimiento del amor.

Tribu (2016), fotografía de ANA ÁLVAREZ-ERRECALDE

Cincuenta veces amor

El amor antes que la herejía.

El amor antes que Eva, que parió una costilla o algo así.

El amor antes que la religión.

El amor antes que el apego.

El amor antes que la farsa.

El amor que no es imposible.

El amor antes que el maleficio.

El amor antes que la lluvia.

El amor antes que la espera.

El amor antes que la cruz.

El amor antes que la sórdida soledad de la huida.

El amor como antídoto.

El amor como profecía.

El amor como olvido.

El amor bíblico: «Hay un tiempo para amar…».

El amor antes que el odio.

El amor como cita: «El amor es el anhelo de salir de uno mismo».

A la artista argentina Ana Álvarez-Errecalde la salvó el amor incondicional hacia sus hijos. La salvó, sin duda. La salvó como Jack Dawson salvó a Rose Calvert en Titanic.

Amor por Neuquén («no es un producto fallido»), a quien fotografió en un encuadre que remite a la Pietà de Miguel Ángel. –Se trata de la «La anunciación», una de las cuatro reproducciones de la instalación «Las cuatro estaciones» (2013).

Amor por Milla, que posó delante de la cámara en el primer cuarto de hora de su llegada al mundo.

Amor sin tapujos.

«Hay fotógrafos que viajan a países empobrecidos y sacan fotos de niños y niñas que nada saben de la ley de protección de datos y a cuyas madres y padres ni se les pide autorización porque se asume que la pobreza es sinónimo de ignorancia y la ignorancia se puede explotar. Estas fotos se exponen en redes, muestras de arte y revistas europeas. Sin embargo, que existan estas situaciones no hace que toda fotografía que involucra a menores sea deshonesta ni que esté motivada por el ego.»

«Migrant Islands» (2009) otra de las series fotográficas de ANA ÁLVAREZ-ERRECALDE

Dicho lo anterior, sí se entiende la frase del poderoso amor que la guía y la posee:

«Si un día mis hijos me recriminan por aparecer en las fotos, entonces yo… les pediré disculpas.»

Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor. Amor.

Cincuenta veces amor.