Llueve y en las calles que rodean Ca l’Isidret, el gris del cielo se refleja en el acero de los charcos. Pero dentro de la sala, la luz es cálida. Y lo es también el ambiente. Alumnos, profesores, amigos. Apasionados de la fotografía todos. Aquí todo el mundo se sienta en las primeras filas para escuchar a José A. Castellano. Es la segunda masterclass de este año en DateCuenta.
Jose Castellano: narrar el océano desde la biología
Por LAURA CASTILLO | Fotografías de SONIA GIMÉNEZ
El ponente también juega en casa. Es uno de los cientos de estudiantes que han pasado por las aulas de esta escuela fundada en 2009 con la voluntad de ofrecer una formación accesible, crítica y muy pegada a la práctica profesional. DateCuenta nació como un proyecto autogestionado por profesionales de la comunicación y desde entonces ha formado a personas de decenas de nacionalidades interesadas en la fotografía, el cine documental o el periodismo.
Castellano forma parte de esa historia. Estudió zoología en Granada, vivió en Holanda donde se especializó en oceanografía y terminó descubriendo la fotografía y el cine documental precisamente aquí, en la escuela. Del laboratorio universitario saltó al agua y, como él mismo explica con una sonrisa, ya no volvió a salir. “Antes que fotógrafo o buzo, soy biólogo”.
Mientras habla, su equipo fotográfico descansa sobre la mesa como un arácnido dormido, protegido dentro de la carcasa estanca que lo acompaña en cada inmersión. Un sistema complejo de lentes, brazos y flashes diseñado para sobrevivir a la presión del agua y a la fragilidad de la electrónica. Pero en esencia —explica— sigue siendo una cámara convencional. La diferencia no está tanto en la tecnología como en el medio.
Un mundo extraño
Sumergirse en el medio marino es adentrarse en un universo extraño. Un mundo físico diferente, con reglas distintas a las del medio terrestre. Bajo el agua somos intrusos.
La primera barrera es la luz. La segunda, la densidad. El agua es aproximadamente ochocientas veces más densa que el aire, lo que significa que entre la cámara y el sujeto se interponen miles de partículas en suspensión. Ese polvo invisible es la pesadilla del fotógrafo submarino: refleja la luz de los flashes, dispersa los contrastes y convierte la imagen en una tormenta de motas brillantes.
Pero la transformación más evidente ocurre con el color.
Conforme desciendes, los colores desaparecen. Primero se pierden los rojos, luego los naranjas y amarillos. A cierta profundidad todo queda sumergido en un azul verdoso uniforme. Los jardines multicolores del fondo marino se transforman en paisajes monocromos, planos, casi irreales.
La tarea del fotógrafo consiste en recuperar lo que el agua nos oculta.
Castellano explica que existen dos caminos. Uno es trabajar con la luz natural y reconstruir el color durante la edición posterior. El otro consiste en introducir luz artificial en la escena mediante flashes submarinos que devuelvan a los corales y a los peces su paleta original: rojos vibrantes, cítricos luminosos, azules eléctricos, naranjas intensos, fucsias y verdes oliva.
Domar esa luz requiere años de práctica. También dominar la técnica fotográfica clásica: velocidad, apertura del diafragma, distancia focal. Bajo el agua todo se mueve —las corrientes, las partículas, los propios animales—, de modo que la velocidad debe ser lo bastante alta como para congelar la escena. Y la apertura suele ser generosa para compensar la pérdida de luz.
En sus imágenes conviven dos mundos: el gran angular y el detalle microscópico. Para los paisajes submarinos utiliza lentes ojo de pez de 15 milímetros que capturan la amplitud del entorno; para los retratos de criaturas diminutas recurre a objetivos macro de 100 milímetros.
Mirar como biólogo
Sin embargo, la técnica no es lo más importante. Castellano insiste en que su verdadera ventaja es la biología.
Conocer el comportamiento de las especies permite anticipar lo que va a ocurrir. Saber cuándo un pez limpiador se acercará a su huésped o cuándo un pez payado está desovando. En un entorno tan dinámico como el océano, entender lo que estás viendo es la base para construir una historia.
Porque de eso se trata: de narrar.
La fotografía de naturaleza en tierra exige paciencia infinita y largas horas de espera. En el mar, en cambio, la interacción con los animales es más directa. Puedes acercarte, observarlos, incluso establecer una especie de diálogo silencioso.
Entre sus proyectos más personales está una serie de retratos frontales de peces. Castellano reivindica el ingenio de estos animales, tan a menudo simplificados. Mirarlos de frente, a su misma altura, revela algo inesperado: individualidad, carácter, incluso cierta expresividad.
El resultado son imágenes que parecen más cercanas al retrato humano que a la fotografía de naturaleza.
También explora otros lenguajes. El blanco y negro, por ejemplo, le permite desprenderse del exotismo cromático del océano y centrarse en las formas, las texturas y las geometrías de un mundo que a veces parece propio de otros planetas.
Contar lo que ocurre allá abajo
En el tramo final de la charla, Castellano vuelve al punto de partida: la biología.
Para él la fotografía submarina no es solo una disciplina estética. Es también una herramienta de conocimiento y de conciencia ambiental. Mostrar lo que ocurre bajo la superficie —cómo viven los organismos, cómo interactúan, cómo afecta la presencia humana a sus ecosistemas— es una forma de acercar el océano a quienes nunca lo han visto de cerca.
Contar historias desde la biología.
Porque, al fin y al cabo, ser fotógrafo consiste precisamente en eso: en aprender a mirar el mundo con suficiente atención como para poder contarlo.
