Seis libros de mujeres que tienes que leer

En la Escuela DateCuenta estamos esperando con ganas el inicio de la segunda edición del curso de Escritura de no ficción. Porque tenemos ganas de explicar. Hace ya unos cuantos años, en un curso de periodismo de investigación, uno de los docentes nos dijo: “El mundo está por explicar”. Y aquella frase se me quedó grabada. Y aquellas cinco palabras me dieron mucho que pensar.

El mundo está por explicar.

El mundo está lleno de historias no explicadas, historias grandes o pequeñas, de temas que no son notorios o fascinantes. Bien, que no lo son hasta que no se empieza a bucear en ellos. Y hay muchas formas de explicarlos. Hoy os hablamos de historias que son absolutamente apasionantes, de mujeres que han desenterrado vidas para estudiarlas, explicarlas y compartirlas. Hoy os recomendamos seis trocitos de mundo. Esperamos que disfrutéis a estas seis autoras de no ficción que hay que leer.

libros de mujeres que hay que leer

Un ciudadano ruso deja flores cerca del retrato de la periodista Anna Politkovskaya, en el aniversario de su asesinato, en 2009

Seis libros de mujeres con una mirada profunda

Por MÓNICA SOLANAS | @monicontomate

1. La motivación que da el valor de la buena gente

«Desde el primer día [de la guerra de Yugoslavia], en todos los medios y en todas las conversaciones privadas, se podía leer y escuchar sólo acerca de los horrores de la guerra. Durante tres años, a diario me encontraba exclusivamente con palabras que describían el mal. Los autores de los escasos textos, políticamente incoloros, estaban igual de preocupados por los horrores de la guerra como los trompetistas de los grandes condes.

[…]

«No pudiendo creer que, en esta locura general, no existiera nada humano, me dirigí a los territorios envueltos en la guerra, primero como médica, para ayudar por lo menos al infortunado enfermo. Curando a las personas de los tres mayores grupos étnicos, sentí su necesidad de abrir su alma y que, en principio tímidamente, narrasen sus destinos en la guerra. Gracias a estas cortas confesiones, hechas en la consulta de cardiología, comprendí su ansia por contar la verdad, que estaba allí, donde caían las granadas, diferenciándose mucho de la imagen en blanco y negro que se tenía en Belgrado y en el mundo.»

Svetlana Broz, Buena gente en tiempos del Mal. Participantes y testigos. Kailas Editorial. Disponible en Traficantes de Sueños.

2. Cuando tantos testimonios son indispensables

«Aquí vienen los muchachos, vienen hacia mí, son muchos, ninguno lleva las manos en alto, ninguno trae los pantalones caídos entre los pies mientras los desnudan para cachearlos, no hay puñetazos sorpresivos ni macanazos, ni vejaciones, ni vómitos por las torturas, ni zapatos amontonados, respiran hondo, caminan seguros, pisando fuerte, obstinados; vienen cercando la Plaza de las Tres Culturas y se detienen junto al borde donde la Plaza cae a pico dos o tres metros para que se vean las ruinas pe-hispánicas; reanudan la marcha, son muchos, vienen hacia mí con sus manos que levantan la pancarta, manos aniñadas porque la muerte aniña las manos; todos vienen en filas apretadas, felices, andan felices, pálidos, sí, y un poco borroneados pero felices; ya no hay muros de bayonetas que los rechacen violentamente, ya no hay violencia; los miro a través de una cortina de lluvia, o será de lágrimas, igual a la de Tlatelolco; no alcanzo a distinguir sus heridas, qué bueno, ya no hay orificios, ni bayonetazos, ni balas expansivas; los veo nublados pero sí oigo sus voces, oigo sus pasos, pas, pas, pas, paaaaas, paaaaaas, como en la manifestación del silencio, toda la vida oiré esos pasos que avanzan; muchachas de mini con sus jóvenes piernas quemadas por el sol, maestros sin corbata, muchachos con el suéter amarrado a la cintura, al cuello, vienen a pie, vienen riendo, son muchos, vienen con esa loca alegría que se siente al caminar juntos en esta calle, nuestra calle, rumbo al Zócalo, nuestro Zócalo; aquí vienen; 5 de agosto, 13 de agosto, 27 de agosto, 13 de septiembre, el padre Jesús Pérez echó a vuelo las campanas de catedral para recibirlos, toda la Plaza de la Constitución está iluminada; constelada con millares de cempazúchitl, millares de veladoras; los muchachos están en el corazón de una naranja, son el estallido más alto del fuego de artificio, ¿no que México era triste? Yo lo veo alegre, qué loca alegría; suben por Cinco de Mayo, Juárez, cuántos aplausos, la Reforma, se les unen trescientas mil personas que nadie acarrea, Melchor Ocampo, Las liornas, se remontan a la sierra, los bosques, las montañas, Mé-xi-co, Li-ber-tad, Mé-xi-co, Li-ber-tad, Mé-xi-co, Li-bertad, Mé-xi-co, Li-ber-tad, Mé-xi-co, Li-ber-tad.»

Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral. Escolar y Mayo Editores.

Hacemos un alto en la mitad del artículo para coger aire y poder seguir leyendo estas recomendaciones indispensables de libros de mujeres.

3. Un revulsivo para nuestra desmemoria y la ruptura con nuestro pasado rural

«La pérdida de mis dos abuelos fue la señal definitiva para sentir que todo un mundo se estaba derrumbando ante mí: no solo se habían llevado miles de historias y de silencios, sino un modo de vida que se mantuvo inalterable durante siglos y que desapareció de un plumazo. Con ellos, la tierra se iba tragando a una generación a la que una avalancha alcanzó desprevenida. Tuve que alejarme de mi pueblo para entender por qué mi abuelo preparaba su muerte con tal vehemencia y por qué siempre me arrepentí de no haber anotado lo que me contaba María del Prado. Para verlo desde fuera, tardé varios años en volver y busqué respuestas en los últimos vecinos de pequeñas aldeas españolas; aquellos que estaban dispuestos a morir donde nacieron aunque se quedaran solos.»

Virginia Mendoza, Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España rural. Ilustraciones de Buba Viedma. Libros del K.O.

4. La realidad silenciada de la guerra se escribe en femenino

«La aldea de mi infancia es femenina. De mujeres. No recuerdo voces masculinas. Lo tengo muy presente: la guerra la relatan las mujeres. Lloran. Su canto es como el llanto.

«En la biblioteca escolar, la mitad de los libros es sobre la guerra. Lo mismo que en la biblioteca del pueblo, y en la regional, adonde mi padre solía ir a buscar los libros. […]

«En la escuela nos enseñaban a amar la muerte. Escribíamos redacciones sobre cuánto nos gustaría entregar la vida por… Era nuestro sueño.

«Sin embargo, las voces de la calle contaban a gritos otra historia, y esa historia me resultaba muy tentadora.»

Svetlana Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer. Debolsillo, Penguin Random House Grupo Editorial.

5. Investigación para denunciar el abuso del poder

«Con frecuencia la gente me dice que soy pesimista, que no tengo fe en la fuerza del pueblo ruso, que me muestro obsesiva en mi oposición a Putin y que no veo más allá.

«Lo veo todo, y ese es el problema. Veo tanto lo que está bien como lo que está mal. Veo que a la gente le gustaría que su vida cambiara para mejor, pero que es incapaz de poner los medios para que eso ocurra, y que para huir de esa verdad se concentran en lo positivo y hace como si lo negativo no existiera.

«Según mi forma de verlo, un hongo que crece bajo una gran hoja no puede confiar en quedarse como está. Sin duda, alguien lo verá, lo cortará y se lo comerá. Pero un ser humano no puede comportarse como una seta.

«No consigo resignarme […] En 2016 muchos de mi generación puede que ya no estén, pero nuestros hijos seguirán viviendo, igual que nuestros nietos. ¿De verdad no nos importa la clase de vida que van a tener o incluso si es que van a tener alguna?»

Anna Politkóvskaya, Diario ruso. Editorial Debate.

6. Recuperar espacios donde charlar cara a cara

«[…] ¿en quién nos convertimos cuando hablamos con máquinas?

«Algunas máquinas parlantes tienen ambiciones modestas, como prepararte para una entrevista de trabajo. Pero otras aspiran a mucho más. La mayoría de ellas están apareciendo en escena ahora mismo: «robots cuidadores» que atenderán a nuestros niños y ancianos si nosotros ya no tenemos el tiempo, la paciencia o los recursos para hacerlo o programas de psicoterapia automatizados que sustituirán a los humanos en la conversación. Estas máquinas nos ofrecen algo nuevo.

«Aunque puede que no nos parezca nuevo. Cada día, todos los días, nos conectamos con aplicaciones inteligentes, escribimos nuestra información en programas de diálogo y recibimos información de asistentes personales digitales. Nos sentimos cómodos hablando a máquinas y a través de máquinas. […]

«La cuarta silla define un espacio que Thoreau* no pudo prever. Son las oportunidades que se nos presentan. ¿Qué olvidamos cuando hablamos con máquinas, y qué recordamos?»

Sherry Turkle, En defensa de la conversación. El poder de la conversación en la era digital. Editorial Ático de los libros.

*En mi casa tengo tres sillas; una para la soledad, otra para la amistad y una tercera para la sociedad. Henry David Thoreau, Walden.